En días que Boca Juniors cortó por partida doble una breve sequía de vueltas olímpicas, ayer se celebraron 61 años de la coronación del equipo que estableció un récord en materia de concurrencia, el campeón argentino de 1954 vendió más de 900.000 entradas a un promedio de 30.000 por partido.
Con su flamante doblete, Boca cortó con una racha de tres años sin títulos, pero antes había sufrido ciclos incluso más odiosos, entre 1970 y 1976, entre 1981 y 1992 y entre 1944 y 1954, cuando batió todas sus marcas en materia de fervor en las tribunas.
Se trató de un registro fantástico, extraordinario, el de la fidelidad de la hinchada xeneize, que tuvo una feliz correspondencia en un equipo sin mucho apego a las florituras pero dueño de un orden.
Ernesto Lazzatti fue el entrenador de aquel memorable equipo de Boca que dejó atrás una década de frustraciones, puesto que había resultado campeón en 1944 y luego se quedó en la puerta cuatro veces, con subcampeonatos en las temporadas de 1945/46/47 y 50, sin contar que en el 49 estuvo a punto de descender.
Bahiense, apodado el Pibe de Oro, Lazzatti había destacado como espléndido medio centro en la conquista de los títulos de 1934, 1935, 1940, 1943 y 1944, asimismo sobresalió como un DT de ideas sencillas y transmitidas con operativa claridad, pero sin embargo decidió declinar ese rol (heredado por Jaime Sarlanga) para constituirse en uno de los pioneros de los futbolistas dedicados al periodismo deportivo, en cuya condición escribió lucidas crónicas en la revista El Gráfico.
El Boca campeón del 54 tuvo en el arco a Julio Elías Musimessi, el célebre chamamecero de "Dale Boca, viva Boca, el cuadrito de mi amor", fielmente protegido por una defensa central áspera, rocosa, que integraban Héctor Otero y Juan Carlos Colman, determinado, recio y expeditivo y a tono con su apodo: el Comisario.
La línea media era cosa de Francisco Lombardo, Eliseo Mourinho y Natalio Pescia (el Leoncito, que por curiosa parábola dejó este mundo un 11 de noviembre de 1989), mientras que el quinteto ofensivo constaba de Juan Carlos Navarro, Miguel Ángel Baiocco, José Borello (Pepino), el uruguayo Iseo Fausto Rosello y Julio Marcarian.
Y fue el entreala Baiocco quien con su gol a Tigre el 11 de noviembre de 1954 desató en la Ribera una anhelada y postergada fiesta que se había soñado para el 31 de octubre y se diluyó con un lapidario 3-0 a manos de River Plate en el Estadio Monumental.
Pero a pesar de semejante tropezón, el del Monumental, Boca consiguió al cabo un doble objetivo en alguna medida similar al de estos días: volver a dar una vuelta olímpica y meter una cuña en medio de los esplendores de River, que venía de lograr el bicampeonato de 1952/53.
Tras coronar versus Tigre, el flamante campeón gozó de la curiosidad de ser visitante y golear por 7 a 1 en su propia cancha, en la de la Bombonera, toda vez que Gimnasia y Esgrima La Plata cedió su privilegio a cambio de una suma de dinero con la anuencia de la AFA y de la comunidad futbolística en su conjunto.
El campeonato del 54 ganado por Boca reunió como escoltas a Independiente, River y los sorprendentes Platense, Lanús y Ferro, en tanto que Borello fue el máximo anotador con 19 goles, la misma cantidad que Angel Berni de San Lorenzo de Almagro y Norberto Conde de Vélez Sársfield.

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