Un nuevo batacazo casi sucede en Twickenham, donde Escocia estuvo a pocos minutos de eliminar a Australia del Mundial. Sin embargo, los Wallabies encontraron la salvación en una polémica determinación del juez sudafricano Craig Joubert, quien les otorgó el penal con el que lograron terminar arriba por 35 a 34.
El dominio de los Wallabies en el inicio del encuentro fue abrumador. Prevalecieron territorialmente y tuvieron la posesión de la pelota. Escocia se defendía con rigor y evitaba los embates de los Wallabies que salieron desde el primer momento a dominar las acciones del juego.
A los 9 minutos Adam Ashley-Cooper apoyó el primer try para los australianos. Pero casi de inmediato obtuvo respuesta de los escoceses, que achicaron la diferencia por el penal convertido por Greig Laidlaw.
El envión anímico del Cardo no se detuvo y luego de un par de fases de ataque, una increíble desconcentración en la defensa de Australia en un ruck, terminó con Peter Horne filtrándose sin oposición para apoyar debajo de los palos y dar vuelta el partido, tras la conversión, 10-5 para Escocia.
A partir de allí, las cosas se pusieron dinámicas entre los equipos y las cosas terminaron 16-15 en ese primer tiempo.
Australia salió en el complemento con la convicción de dar vuelta el partido. Antes de los cinco minutos iniciales, se produciría una jugada clave.
El wing Sean Maitland vio la tarjeta amarilla por un knock on intencional en una jugada de situación de try. En la jugada posterior, los Wallabies inteligentemente aprovecharon la ausencia del 14, y le pusieron la pelota en las manos a Drew Mitchell para que volara a la bandera.
La conversión de Foley le dio la delantera a Australia por 22-16. Enseguida volvió a convertir un penal el medio scrum de Escocia Laidlaw para acortar las distancias 22-19.
A los 13 minutos, un penal desde lejos por una infracción, le dio a Foley la oportunidad de aumentar las diferencias 25-19.
El partido ganó en emotividad, con Escocia no dispuesto a bajar los brazos. Entre tries, penales y conversiones, las cosas se pusieron animadas en Twickenham y el desenlace se llenaba de incertidumbre.
Con cinco minutos por delante Escocia se puso arriba 34-32 y cuando parecía que se quedarían con el triunfo, un penal a la salida de un lineout le dio la última oportunidad a Foley, que metió un patadón y selló el pase a semifinales, con un resultado favorable de 35 a 34.
El fallo del árbitro Craig Joubert a poco del final dejó con dudas a Escocia, pero Australia sacó provecho y clasificó.

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