Luis Rueda no es un tipo fácil de tratar. Como jugador fue indiscutible. Un goleador voraz. Impecable. Pero dentro de un vestuario tuvo actitudes pocos felices, era intratable. Esto le valió durante su larga carrera varios encontronazos con compañeros y entrenadores. Y lo que hizo con Víctor Cuellar de echarlo sin una decisión previa de los dirigentes (él tiene todo el derecho de plantear y trabajar con la persona que más le convenga), sobrepasó la autoridad de aquellos que hoy tienen la responsabilidad de llevar adelante el club. El tema de Cuellar se había tocado muy por arriba durante la última reunión entre el DT y la subcomisión de fútbol ("es amigo de los jugadores", argumentó), pero esta nunca le dio la veña al Cóndor para que resuelva por motu propio sacar del cuerpo técnico al preparador físico.
Así dejó desairada a toda la CD, con Marcelo Mentesana a la cabeza., ya que sólo el presidente puede determinar el cese de algún empleado del club. Rueda se arrogó una autoridad que no le corresponde, porque él también es empleado de la institución de la Vicente López y los dirigentes deberían pedirle una explicación al entrenador, ponerle un límite, porque ser ídolo no le da derecho a hacer y deshacer a su antojo.
Si Gimnasia y Tiro termina por darle la "llave del club" a Rueda, conluirá tan mal como comenzó su proceso como DT, ya que todavía el Cóndor no demostró el por qué los dirigentes confiaron en él. Hoy cuenta con la banca de los hinchas, pero el estado de ánimo de estos se mueve según los resultados. No hay que jugar con fuego porque uno se termina quemando, y hoy Luis Rueda lo está haciendo, y su camino como DT puede terminar tan rápido como su elección en reemplazo de Salvador Ragusa.

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