La ceremonia de clausura, una auténtica fiesta coreográfica y audiovisual, le puso fin a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, en una noche tormentosa que no impidió que el estadio Maracaná estuviera a pleno.
El temporal de lluvia y viento que castigó a la ciudad carioca, y que inclusive produjo la caída de una estructura metálica cercana al Maracaná horas antes de la ceremonia de clausura, se asoció simbólicamente al nombre con el que los organizadores denominaron la fiesta de cierre: "lavar el alma". El momento de decirle adiós a Río de Janeiro por tanto afecto de su gente y darle la bienvenida a Tokio para que continúe por siempre el espíritu olímpico. Hasta el 2020.
Un reloj proyectado sobre el centro del estadio inició la cuenta regresiva del comienzo, a lo que siguieron imágenes evocativas de la historia de Brasil y de sus bellezas naturales, todo en el marco de una coreografía multicolor que incluyó centenares de bailarines y el lanzamiento de fuegos artificiales.
Martinho da Vila le puso ritmo de música a la inclemente noche curiosa con su "Universo Carinhoso" y luego fue el turno de las formalidades con el saludo del presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), el alemán Thomas Bach, la entonación del himno nacional brasileño y el izamiento de las banderas olímpica y del país organizador.
A continuación ingresaron al estadio los atletas que portaban las banderas de las 207 delegaciones participantes, entre ellas la de Argentina enarbolada por la medallista de oro Paula Pareto. Inmediatamente las representaciones de cada país desfilaron y formaron un anillo alrededor de los abanderados. En la columna argentina se destacó nítida la figura del velista Santiago Lange, otro medallista dorado de Río 2016 junto con Cecilia Carranza Sarioli.
Esta saludable costumbre del encuentro fraternal de los atletas al final de los Juegos cumplió en Río 60 años, ya que se puso en práctica por primera vez en Melbourne 1956, a instancias de un joven estudiante, John Wing, quien lo propuso por carta al comité organizador.
El show de luces, música y color, bien a la brasileña con cantantes y danzas locales, siguió a todo ritmo acompañado por un público entusiasta que desafió la tormenta y que produjo un pico de emoción cuando fuegos artificiales formaron la palabra Río 2016.

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