El remodelado Coliseo del Callao, como se conoce al estadio local, fue el escenario de un duelo de parcialidades en la previa de la segunda semifinal de la Copa América, porque debido a la presencia de apenas un centenar de paraguayos, la rivalidad entre argentinos y chilenos quedó más expuesta.
Los albicelestes no pararon de alentar a Lionel Messi y compañía, mientras los hinchas locales, que ya palpitan con nerviosismo y ansiedad la final del próximo sábado en Santiago, no dejaron de aportar su granito de arena.
Un estadio gigante, casi hecho a nuevo para esta Copa América, fue tomando color y calor con el correr de las horas gracias al entusiasmo de los hinchas, que tuvieron que sortear un severo control policial, el más estricto que se vio en todas las participaciones argentinas en esta competencia.
Hubo más de mil efectivos en el operativo de seguridad y así se controló el ticket, la documentación y hasta las mochilas de los asistentes, porque no se permitió acceso con banderas de más de dos metros, termo para el mate ni encendedores.
Y entre el frío polar de la tarde-noche, y que en las gradas había mayoritariamente hinchas que no son asistentes habituales a este tipo de encuentros de trascendencia, costó que se pusieron en marcha el clima de cancha.
Del lado de Argentina, el himno fue el de toda esta Copa América: "Esta es la banda loca de la Argentina, la que de Las Malvinas nunca se olvida; la que deja la vida por los colores, y la que le pide huevo a los jugadores... para ser campeones", y los anfitriones contestaron con el clásico "Chi-Chi-Chi-le- le-lé, viva Chile".
En la previa, todos querían sacarse fotos en la puerta del estadio y relataban con entusiasmo su historia sobre cómo hicieron para llegar a Concepción.

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