En sus espaldas lleva nada menos que 14 títulos y para todos los gustos: cuatro copas Libertadores, tres Interamericana, dos Intercontinental, dos Nacionales, un Metropolitano y uno de Primera en 1989. Además, claro, de haber sido campeón del Mundo con la Selección argentina en 1986.
Ayer, a los 61 años, llegó a Salta de la mano de productos Pozo y El Palacio de las Golosinas en busca de futuros talentos, y antes de la prueba que realizó con el técnico de inferiores de Banfield, Miguel Jerez, en el club Los Cachorros, visitó la redacción de El Tribuno, donde recordó, entre otras cosas, el día que vistió la camiseta de Juventud Antoniana, la única que se puso fuera de la roja y de la celeste y blanca nacional.

¿Qué es lo primero que ve en los chicos que pueden tener condiciones de jugar profesionalmente?

Cuando dejé el fútbol profesional (en 1991) me dediqué a los chicos. Creo que no es muy difícil ver a jóvenes con condiciones. Enseguida nos damos cuenta quién es el jugador distinto que puede llegar a un club de Buenos Aires. Si los veo, siempre los llevo a Independiente. Después ya depende de ellos.

¿Cuál es el puesto que más buscan?

Hay distintos puestos que uno tiene que ver. No es lo mismo observar un defensor o un delantero o un arquero. Todos tienen condiciones diferentes.
Nosotros estuvimos muchos años dentro de las canchas y vimos muchos jugadores, entonces con la experiencia que tenemos podemos elegir algunos.

¿Qué sabe del fútbol salteño?

No veo actualmente el fútbol del interior. Me informaba más sobre los clubes de Salta cuando yo jugaba. Ahora veo mucho fútbol de primera o el europeo, y muy rara vez el Nacional B.

Los hinchas de Juventud Antoniana tienen un gran recuerdo de usted cuando vistió esa camiseta, ¿se acuerda del partido en el estadio Fray Honorato Pistoia?

Recuerdo que jugué medio tiempo para Independiente y me pidieron que juegue para Juventud Antoniana, así que casi todo el segundo tiempo vestí la camiseta.
Además fue en 1984, año en que atravesaba uno de mis mejores momentos, porque yo había ganado la Copa Libertadores, la Intercontinental y era titular en la Selección argentina que dirigía Carlos Bilardo. Antes había estado en una gira por toda Europa.
Fuera de Independiente y la Selección, solo me puse la camiseta de Juventud Antoniana, porque ya retirado jugué una vez para Barracas Bolívar que participaba en el Argentino B.

El miércoles fue el debut de Independiente en la Copa Sudamericana ante Arsenal, ¿cómo vio al equipo?

Fue un partido parejo, donde se rescató un punto y se hizo un gol que puede ser importante.
Independiente puede seguir avanzando, pero tiene que mejorar mucho para llegar a ganar algo o entrar a la liguilla de la Libertadores, que es lo que la gente pretende.

¿El famoso paladar negro quedó atrás?

Quedó atrás porque Independiente no tiene los jugadores que tenía en aquella época. Al paladar negro lo hacen los jugadores, grandes equipos y hoy Independiente no tiene un equipo brillante. Es más, en Sudamérica no existe un equipo así actualmente.

Hablar del mito Independiente es también mencionar a Boneco, el perro que los acompañaba a todos lados, ¿lo recuerda?

Por supuesto. El equipo tenía la cábala de entrar a la cancha con el perro, que se convirtió en un integrante más del plantel. Un día llegó un señor (apodado Lolo) fanático de Independiente al que el perro le había salvado la vida. Empezó a ir a los partidos como mascota y fue en una época muy gloriosa, donde se ganó cuatro copas Libertadores seguidas: 72, 73, 74 y 75. Entonces fue muy querido por la gente.

¿Qué significa para usted haber sido el ídolo de Diego Armando Maradona?

Es un orgullo, porque para mí fue el mejor jugador del mundo en su época. Que haya dicho que por mí iba a ver Independiente y que yo era su ídolo, me llena de satisfacción. Haber jugado con él en el Mundial de México en 1986 y salir campeones fue muy lindo.

Parece eterna la discusión, pero ¿a quién considera mejor, a Maradona o a Messi?

Maradona es el mejor por lo que hizo en la Selección. Messi si bien hizo cosas muy grandes en el Barcelona, pero le falta ganar una copa del Mundo con Argentina.

En la actualidad está rodeado de chicos, ¿cuál es el mensaje que les da a la hora de jugar al fútbol?

Principalmente los chicos tienen que jugar para divertirse, como lo hacíamos cuando jugábamos nosotros.
Después, cuando tienen la posibilidad de iniciar una carrera, ahí sí tienen que dedicarse de lleno y la prioridad pasa a ser el fútbol. Pero tienen que hacerlo con pasión.
Hay que estar preparado para jugar en un equipo de primera división, porque cuando les llegue la oportunidad hay que aprovecharla.

¿Cómo jugaba en Independiente?

Nosotros jugábamos pensando en ganar, en jugar bien y darle satisfacciones a la gente, porque los hinchas hacen mucho sacrificio y van a la cancha con frío, calor y con lluvia.
A veces no tienen plata para la entrada e igual la consiguen. Por ellos hay que dejar todo siempre.

Dijo que siempre hay que estar preparado para jugar, ¿cómo debe prepararse un chico?

Solo con condiciones futbolísticas no se llega. Yo soy de Zárate, que está a 90 kilómetros de Capital Federal y me levantaba a las 4 de la mañana para ir a entrenar. Me tomaba dos colectivos hasta la estación y de ahí iba a Retiro, después a Constitución hasta finalmente llegar a Sarandí, donde entrenaban las inferiores.
Tardaba casi cuatro horas y volvía a mi casa a las 22. Además no tenía que tomar ni fumar, y menos esto que ahora está de moda: juntarse en las esquinas a drogarse.
Como ya dije, los chicos tienen que estar preparados física y futbolísticamente porque les puede tocar.

La gente de Salta tiene una gran admiración y respeto por usted, ¿qué quiere decirle a la gente que lo admira?

Antes que nada quiero agradecer al club Los Cachorros, que nos abrió las puertas para buscar talentos. Junto a Miguel Jerez lo vamos a seguir haciendo en todo el país.
La gente es muy respetuosa y yo estoy agradecido por el afecto que tienen.

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