¿Recuerda cómo fue su arribo a Central Norte?
Llegué a Salta cuando tenía 17 o 18 años. Era un pendejo como se dice ahora. Vine con cuatro muchachos que quedaron en la historia de mi vida: Ricardo Sassone, Benito Rodríguez, Adolfo Vázquez y Raúl Savino. Me enteré por internet que él había fallecido, el dolor fue muy grande porque se iba un gran amigo.

Bruno Iezzi, quien fue el que lo trajo, significa mucho en su vida...
Gracias a Dios tengo una persona a 1.600 kilómetros que aprecio mucho y es Bruno Iezzi, fue un poco el papá de nosotros, donde comenzó la historia. Me hice hombre con Central Norte de Salta. Le doy una importancia muy grande, tengo muchos recuerdos importantes pero los de Salta quedarán en mi memoria por siempre, hasta el último día de mi vida. Salta me dio la hombría. Venía de una familia de tanos que en aquella época no eran los padres de ahora, de pronto me encontré con Bruno que ya tenía una cierta edad como padre y nos llevó adelante.

¿Se acuerda cómo fue el día que le propusieron venir a Salta?
Nos mandó a llamar la gente de Atlanta y enseguida le dijimos que sí. Sabia que era una etapa importante para mi vida.
Cuando llegamos fuimos recibidos por una persona a quien recuerdo con mucho cariño: Roberto Romero, él fue otro papá, fue el ayudante de campo de nosotros.

¿Central Norte lo catapultó al profesionalismo?
Hice una carrera importante, no fue de la mejor en el aspecto futbolístico principalmente, porque cuando me fui de acá, Atlanta me había dejado libre, me compró Platense y ahí tuve una historia bastante grande al haber atajado tres penales en un mismo partido contra Banfield. Le atajé dos penales a Hugo Matos, era de Rosario Central, y uno a Juan Carlos Lallana, jugador de River y Newell's.
Eso me hizo cabalgar hacia Italia, tenía el presentimiento de que iba a ser el boom, pero no fue así. No tuve suerte y en el fútbol hay que tenerla.

¿De Platense pasó directamente al Milan de Italia?
Sí. Cuando me dijeron que iba al Milan me pareció exagerado, no estaba preparado, lo ideal era ir a un club más chico y hacer como una especie de Nacional B. De pronto me compró el Brescia, estuve tres años y tuve de técnico a Antonio Valentín Angelillo, quien fue el nueve de la selección argentina, jugó en Boca y Racing. Ahí tuve mi esplendor, me quisieron, me amaron y después fui al Bari, al sur de Italia. Llegó un momento de mi vida en el que creí que estaba hecho pero en esta Argentina nuestra cuando volvés con la plata no sabés dónde ponerla y me la comieron.

¿Por qué no pudo brillar en el Milan?
Cuando hablé con un representante aclaró que no iba como primer arquero. En ese momento estaba Erico Albertosi, campeón del mundo con la selección Italiana.

¿Cómo continuó su carrera?
Cuando regresé empezó otra historia, me compró Talleres de Córdoba y tuve la suerte de jugar con figuras como (Luis Antonio) Ludueña y (José Daniel) Valencia.

¿Qué otros grandes jugadores pasaron por su vida?
En el Brescia tuve la suerte de estar con un tipazo, Alessandro Altobelli, delantero de la selección italiana que ganó el Campeonato Mundial del 82 en España.

¿Recuerda cuando debutó en Central Norte?
No, no recuerdo el primer partido, sí que había una especie de superclásico como River y Boca, eso era cuando jugábamos contra Juventud Antoniana. Eso sí me quedó grabado, sé que hoy también sigue siendo así, aunque Bruno (Iezzi) me contó que están en diferentes categorías ahora. Él me contó que no está muy bien el fútbol salteño.

Según su apreciación, ¿a qué se debe?
Si no forman divisiones inferiores se hace muy difícil porque hoy en día los jugadores de fútbol van a otros clubes. Hay que hacer un proyecto a largo plazo, porque corto no significa nada, formar un equipo con gente joven y un poco de experiencia.
Tenemos un estadio, digo tenemos porque lo considero mío también, es impresionante. Salta merece tener un equipo en primera o al menos en la B Nacional. Estoy seguro de que la gente va a acompañar.

¿Qué rememoró cuando llegó a Salta?
Tenía 18 años, y en esa época (1967) no era como ahora. Hoy ves un chico de esa edad en la reserva y está más despierto, es de otra manera. Era la primera vez que salía de Buenos Aires y dejaba mi casa. Haber llegado a Salta fue lo más grande que tuve en mi vida, podría decir que fue cuando llegué al Milan, pero era un club que ya estaba muy arriba. En Salta y Central di el salto como hombre. Cuando volví a mi casa era otra persona. Nací en Salta y la adoro.

Habló con el expresidente de Central Norte...
Sí, el hijo de Raúl Savino, me invitó a la cancha y me emocioné porque pasé etapas grandes de mi vida acá y conocí a cuatro personas extraordinarias que me marcaron. Los tengo lejos. Me enteré que Ricardo Sassone está en Italia. El fútbol es así, un día estás aquí y otro allá. No puedo nombrar mucho amigos del Milan, sí en el Brescia y el Bari, pero donde tengo mi familia es en Salta. También hablé con Mirta, la mamá de Gabriel (Savino). Fue maravilloso recordar esos tiempos cuando éramos muy jóvenes, Mirta y Raúl eran novios.

Pudo hablar telefónicamente con viejos compañeros ...
Me llamó Tucho Figueroa (programa de Radio en la AM840; Hora 24), me hizo hablar con Balita Aguirre y Benito Rodríguez, que tiene casi la misma edad que yo, 68 años. Pasaron 50 años desde que me fui.

¿Se emocionó cuando recibió la plaqueta en reconocimiento por su pasado en Central Norte?
Entrar a la cancha y verlos es una cosa, estar con la camiseta adentro era otra. Me emocioné porque sé que Central Norte de Salta es mi vida.
Soy una persona que necesita llorar para sentirme bien después. Por ejemplo cuando lo vi y abracé a Bruno Iezzi no lo quería soltar.

¿Cuando fue la última vez que estuvo en la provincia?
Volví con Talleres de Córdoba en el año 81, en esa oportunidad enfrentamos a Gimnasia y Tiro.

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