La derrota en el clásico ante Juventud Antoniana, la tercera en ocho fechas, caló hondo en el universo Gimnasia y Tiro desde lo futbolístico.
Si bien, de no haber existido el garrafal error de Darío Sand que terminó derivando en el penal que luego convertiría Gustavo Balvorín, quizás hoy estaríamos hablando de otra cosa: de un empate con bajo vuelo futbolístico de ambos bandos y el panorama millonario hubiese sido otro de cara a lo que se viene.
Pero no. Perder un clásico es más doloroso que cualquier otra eventual derrota y el hincha de eso no se olvida. Y más aún cuando no se encuentran las respuestas, las fórmulas son repetitivas, las ideas no brotan ni se plasman en el césped y cuando el rival de turno, con poco, pero con méritos más sobresalientes, lo vence en un partido cuya carga anímica y motivacional va mucho más allá de los tres puntos.
Además del desafortunado yerro de Sand, quien venía haciendo un muy buen torneo y ostentaba una valla invicta de casi cinco partidos, al albo le faltó fútbol, convencimiento y la templanza necesaria para ganar un duelo de esta magnitud, lo que sí capitalizó el experimentado Juventud.
El duelo en la mitad de la cancha fue el capital perdido en el segundo tiempo, en los minutos más determinantes ante el santo. Y el ingreso de Ezequiel Saavedra, en reemplazo de Daniel Ramasco, quien estuvo errático el domingo, es una de las variantes que contempla el DT Luis Rueda para visitar a los catamarqueños de San Lorenzo de Alem, el próximo domingo.
Como contrapartida, Denis Caputo y Diego Bielkiewicz mantendrían sus lugares en cancha. Pese al flojo desempeño del zurdo ex Central Norte, las opciones no le sobran al estratega mendocino por el carril izquierdo de la zona de volantes, más aún con la expulsión de Rubén Villarreal en el clásico. Mientras que el delantero bonaerense fue la mejor referencia ofensiva del millonario frente al antoniano durante el tiempo que estuvo en cancha, y con su salida el equipo perdió toda gravitación en ataque con un Leandro Zárate anulado por completo por Juan Pablo Cárdenas y Gastón Stang, y con un impetuoso, pero intrascendente Hugo Prieto.
Más allá de las variantes, los recambios y los esquemas, en Gimnasia debe haber un replanteo serio de lo futbolístico. Este grupo tiene sangre y orgullo, nadie lo duda. Lo demostró sobreponiéndose ya a otras adversidades, como en la gestación de su saludable racha de cuatro partidos ganados. A partir del domingo, en Catamarca, deberá demostrar otra vez su "madera", su bronca positiva y su capacidad de respuestas tras el cachetazo.


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