Para muchos, el rostro de Gianni Infantino es familiar por su papel de conductor de los sorteos de la Liga de Campeones y de las grandes competiciones de la UEFA: este suizo-italiano políglota, número 2 del fútbol europeo, es desde este viernes el presidente de la
FIFA. Elegido en segunda vuelta con 115 votos de 207, Infantino partía como el candidato del fútbol europeo. "No soy el candidato de la UEFA. No soy el candidato europeo, soy el candidato del fútbol", dijo con ambición al término del Comité Ejecutivo de la UEFA de enero que le dio el pleno respaldo de su organización.
Hasta ahora, este hombre calvo con la cabeza afeitada era conocido sobre todo como el hombre simpático y de buen humor que dirige los sorteos de la Champions haciendo gala de su conocimiento de lenguas: habla con fluidez el inglés, el francés, el alemán, el italiano y el español, idiomas en los que se dirigió a los miembros de las 209 federaciones presentes en el Congreso de la FIFA para saludarles en sus primeras palabras tras conocerse su victoria en la elección presidencial.
Una virtud que a sus 45 años ha llevado de nuevo a un suizo al sillón presidencial, después de la etapa de Blatter, de casi 80 años. Infantino nació en Brigue, curiosamente a unos 10 kilómetros de Viège, la localidad natal de Blatter. Casado y padre de cuatro hijos, Infantino es seguidor del Inter de Milán.
Los primeros contactos deportivos de Infantino fueron como secretario general del Centro Internacional de Estudio del Deporte (CIES) de la Universidad de Neuchâtel, antes de ser asesor de diversas entidades, entre ellas las ligas de fútbol de España, Italia y Suiza.
Infantino entró en la UEFA en el año 2000, como encargado de cuestiones jurídicas y comerciales. En enero de 2004 fue nombrado ya director de la división jurídica de la organización.
Durante esa etapa, subraya su currículum oficial de la UEFA, "estableció estrechos contactos con la Unión Europea, el Consejo de Europa y las autoridades gubernamentales". Fue nombrado secretario general adjunto de la UEFA y alcanzó por fin la secretaría general en 2009. Desde ese cargo ha tenido un papel muy importante en el fútbol europeo y ha impulsado proyectos como el del fair play financiero de los clubes (no gastar más de lo que se ingresa), uno de los buques insignia de la UEFA en los últimos años.
Las reformas en la FIFA, sacudida por escándalos de corrupción desde mayo del año pasado, son imperativas e Infantino conoce de primera mano los proyectos en curso, como integrante de la Comisión de Reformas de la Federación Internacional constituida en julio del pasado año bajo la presidencia del abogado suizo François Carrard. Unas reformas que fueron el otro plato fuerte del Congreso electivo extraordinario de la FIFA, este viernes, día en el que la organización suprema del fútbol sentó las bases del nuevo proyecto con el que salir del fondo del pozo, y que tendrá a Infantino como guía.

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