Nacido en Buenos Aires, salteño por adopción y cuervo por convicción y amor por el color negro, Pedro Rafael Confesor fue un emblema de Central Norte, de esos jugadores que dejaban el alma y la vida por la camiseta, y algo más, suelen decir los que fueron testigos de su fútbol y su entrega por el barrio Norte. Ese era Pedro Confesor.
Los memoriosos lo recuerdan con el seudónimo de "El Loco", un apelativo bien ganado por su sana locura y su obsesión por la pelota. También lo llamaban el "hombre nuclear". Futbolísticamente, se inició en Chacarita y pasó por Ferro Carril Oeste y npor Nueva Chicago, hasta que llegó al norte para reforzar al poderoso Altos Hornos Zapla de los años '70 para luego arribar a Central Norte, donde llegó para quedarse para siempre.
En barrio Norte se ganó la idolatría del pueblo azabache y compone en firmamento de ídolos y emblemas del cuervo a lo largo de su historia.
Producto de una larga enfermedad, Confesor, quien fue castigado en los últimos años de vida por el ocaso, el olvido y el abandono, falleció ayer dejando un gran vacío en la familia azabache y en el fútbol salteño. Sus restos son velados en Pieve y mañana a las 10 serán cremados.

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