Ya la tarde empezaba mal para Central Norte en el Padre Martearena, porque ese gol que había convertido Maximiliano Herrera a favor de Huracán Las Heras, desde los vestuarios, dejaba al descubierto un planteo de juego que desnudó mucha fragilidad en una final.
El equipo cuervo de ser un equipo compacto, marcar una enorme superioridad con sus rivales en la fase clasificatoria del Federal B, incluso jugando en el Dr. Luis Güemes, cuando ingresó a jugar los play-offs, se encontró con adversarios que le propusieron el toma y traiga. Es decir, que si a Mitre le ganó (1-0) con autoridad el primer partido en el Pascual Soler, no nos olvidemos que en la revancha (0 a 0), el ciclón se quedó con diez jugadores y lo apuró bastante. Quedó volver a enfrentar a Brown de Lules y aquí también no la sacó barata y solo clasificó por el gol de diferencia en el partido de vuelta.
Lo que Central Norte exhibió en el segundo tiempo en Mendoza, en el cotejo de ida, con un Fabricio Reyes inspirado, alentó las esperanzas para lograr el ansiado ascenso en suelo salteño y con el gran respaldo de sus hinchas. Son esos partidos que pone a prueba realmente a los verdaderos jugadores. Para calmar tanta tensión y ansiedad que genera una definición de un torneo hace falta contar con temple. Es necesario abstraerse de ese clima que en muchos casos resulta contraproducente.
Solo con el ingreso del Willy Puntano, quien entendió cómo se tiene que jugar estas finales, se puso distancia del resto que no supo cómo resolver su propia impericia. Y los mendocinos sacaron prove cho.

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