Fuiste jugador pero estudiaste y te recibiste de abogado, es un gran mérito...
De mis compañeros, en mi generación, creo que soy el único que jugó y pudo estudiar. Son objetivos personales, estilos de vida totalmente diferente al resto porque en mis tiempos libres me dedicaba a estudiar, mientras los chicos disfrutaban de algún asado o si tenían la posibilidad de salir. Siempre llevé una vida ordenada, si bien terminé la carrera de abogacía después de ocho años, a la larga se ven los frutos.

Te debió demandar mucho sacrificio...
Un día normal era levantarme a las 9, estudiar hasta las 12.30, almorzar e ir a entrenar. Así con el transcurso de los años fui avanzado y metiendo materias hasta los 27 años, en ese tiempo jugaba en Juventud. Era un poco grande para decir "con el fútbol me salvo" y ahí tomé la decisión de dejar de jugar y recibirme.

¿Pensás que el jugador salteño no piensa en el futuro?
Puede ser que se cometa ese error, todo el mundo cuando empieza a jugar al fútbol piensa que va a tener la posibilidad de llegar a Primera o Nacional B donde tenés la oportunidad de pegar un salto económico. Ahora en el Federal A se pagan muy buenos sueldo, cuando jugaba no se cobraba bien o no se hacía una diferencia para decir voy a vivir de esto. Consciente de la situación que vivía me dediqué a estudiar porque sabía que mi futuro no iba a ser el fútbol.

¿Cómo hacés para darte cuenta de la realidad?
En el ambiente del fútbol es mucha pelota, con tus compañeros estás hablando todo el tiempo de fútbol y yo lo padecí. A los 27 años tuve que trabajar medio día para estudiar a la tarde y poder recibirme. Me choqué con muchas realidades, por ejemplo no sabía ni las calles de Salta, parecía un extranjero en la cuidad.

¿Impulsabas a tus compañeros a estudiar?
Cuando estuve en Central Norte, en la primera época, le aconsejaba a la mayoría que estudie. El fútbol es una profesión donde le dedicas tres horas al club, si entrenás a la tarde tenés toda la mañana para estudiar. Es difícil ser ordenado porque tenés que levantarte y acostarte temprano.

¿A qué edad comenzaste la carrera?
A los 18 años, primero me bancaba mi papá hasta cuando con el fútbol lo pude hacer yo. Después el fútbol pasó a ser una necesidad económica, lo tomé así. Me apasiona y sigo jugando, pero en ese momento era el medio económico para estudiar. Un título no te asegura que el día de mañana vas a tener un buen pasar económico, pero tenés mayores posibilidad de acceder a un trabajo que otras personas.

Te formaste en Gimnasia...
Hice todas las inferiores hasta los 17 años, tuve grandes compañeros y amigos como Castilla, Ramasco, Riggio, Gil. En ese momento llegó (Salvador) Ragusa y hace un selectivo, quedamos y nos llevó de pretemporada con el plantel de primera. Ese año tenía el viaje de fin de curso a Bariloche, no fui por jugar. Tenía la oportunidad de cumplir mi sueño.
"Años atrás le decía a un amigo: sé que en el fútbol no tuve suerte, ojalá que cuando deje de jugar la tenga". "Años atrás le decía a un amigo: sé que en el fútbol no tuve suerte, ojalá que cuando deje de jugar la tenga".

¿El éxito te confunde?
En mi caso no, porque en mi vida influenció mucho mi mamá. Estaba por dejar el fútbol y me sale la oportunidad de ir a Talleres de Perico. En el primer semestre me fue mal pero después tomé confianza y todo cambió pero dejé de estudiar. Perico es chico, todos te demuestran mucho afecto y te querés pegar la confundida, pero vuelvo a mi vieja porque un domingo me dice. "A vos te está yendo bien y no querés estudiar más". Ahí hice un click y le prometí que me iba a recibir. Había perdido un año y medio de estudio y capaz que seguía sin darme cuenta.

"Toda la suerte que no tuve antes cuando jugaba al fútbol la tengo ahora,
la vida te va gratificando".
"Toda la suerte que no tuve antes cuando jugaba al fútbol la tengo ahora, la vida te va gratificando".

¿Cómo fue tu experiencia en Central Norte?
El primer año no me pagaron nunca. El segundo año mejoraron las cosas, quedó la base del plantel, me acuerdo que llegaron Ceballos, Maino y Morinigo. Hubert Piozzi armó un buen equipo, en diciembre se fue y llegó el Tigre Amaya. Los primeros partidos no nos fue muy bien, después mejoramos y ascendimos después de 20 años.

"Le recomiendo al jugador que estudie, que tome el fútbol como un
hobby y se haga de un oficio".
"Le recomiendo al jugador que estudie, que tome el fútbol como un hobby y se haga de un oficio".

Te marcó mucho el ascenso...
Lo que me tocó vivir en Central fue una cosa, lo que viví en Juventud fue totalmente diferente, por lo menos es lo que me pasó a mí. Lo digo sin ánimos de ofender a nadie. Después de los festejos Juan López (expresidente), me informó que no continuaba. Ese día me dijo: "No te vas a querer ir a Juventud porque los hinchas me matan". Yo vivía de esto y tenía que seguir estudiando, si el club me daba para pagar la facultad me iba, y así fue.

"Lo único que pude comprar con lo que gané jugando a fútbol fueron cosas para mi casa, nada más". "Lo único que pude comprar con lo que gané jugando a fútbol fueron cosas para mi casa, nada más".


¿Fue un cambio muy brusco pasar de Central a Juventud?
Sí, me putearon mucho, aparte justo asciende Central y desciende Juventud, me tocó jugar el primer clásico del Argentino A. Fue una sensación espantosa enfrentar a excompañeros, los hinchas te insultaban de todos lados. Me pasó en los dos clubes, en mi primera época de Central me insultaban mucho también, pero la segunda fue totalmente diferente. En el único club que sentí que el hincha me amaba fue en Central. En Juventud también pasé lindos momentos, el hincha también me terminó aceptando y queriendo.

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