Talleres de Córdoba tenía toda la presión encima suyo en un Mario Kempes que ardió y explotó de bronca en el final con incidentes. Necesitaba más que nunca recuperar su pedestal en el torneo de la B Nacional, pero nunca encontró los caminos para el ansiado ascenso y para ganar la séptima y última plaza a la segunda categoría de ascenso.
Para todo el pueblo tallarín, las supuestas facilidades de la zona, la manera en la que se reforzó y las bondades de las siete plazas de ascenso le allanarían el camino al albiazul para su regreso a la B Nacional, pero nada de esto ocurrió. En la revancha en La Docta, fue nada menos que Sergio Oga, hincha reconocido de la T, quien amargó a Talleres con un auténtico golazo en tiempo de descuento que silenció a todo el Kempes, para sellar el 1 a 0 definiitvo de los últimos noventa minutos de la final (el lobo mendocino venció por 2 a 1 de manera agónica en la ida en territorio cuyano).
El elenco albiazul estaba obligado a ganar, al menos por un gol de diferencia, para forzar la definición desde el punto del penal; ya que el empate favorecía al lobo mendocino. Desperdició un penal a través de Martínez a los 21' del primer tiempo y jugó la mayor parte del pleito con un jugador menos (fue expulsado Vilariño, en el lobo mendocino, a los 37' del primer tiempo).
Talleres volvió a quedarse con las ganas de ascender en un torneo que se le presentaba propicio y en el que parecían haberse dado todas las condiciones para el regreso de un grande. Pero otra vez el fracaso lo envolvió.
Por su parte, Gimnasia de Mendoza ascendió dos categorías en seis meses y por primera vez en su historia llega a la B Nacional (antes había jugado nueve torneos Nacionales). Histórico y emotivo.

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