Diego Cocca llegaba de ascender de la B Nacional a Primera con Defensa y Justicia. En Racing cambió insultos por elogios y se terminó coronando como DT del equipo campeón tras trece años de sequía. Por su parte, Diego Milito volvió y se convirtió en el máximo referente del equipo. Con las llegadas de ambos Racing estaqueó las nuevas bases para un equipo con identidad.
Racing empezó este torneo desde muy abajo, con un tercer ciclo de Reinaldo Merlo para el olvido y un equipo desmembrado.
Cocca llegó, armó el equipo a su antojo con 11 incorporaciones, incluidas las de Diego Milito, y los regresos de Ricardo Centurión, Iván Pillud y Martín Pérez Guedes, situación que también lo puso en el compromiso de tener que conseguir algo importante.
A medida que pasaron los partidos, logró que el equipo jugara siempre para adelante, apretando arriba, con el delantero retrocediendo para el toque atrás y el volante que vuelva a poner la pelota al frente. Fue un equipo vertical, pero con ataque variado por todo el frente, un mérito del técnico.
Y adelante tuvo a Diego Milito. Campeón en los días difíciles de fines de 2001 con Racing, se sabía que no podría ser el mismo que el goleador de la final de la Champions con el Inter.
Pero Milito no solo hizo goles, sirvió goles y lógicamente se los perdió también, fue el hombre que marcó el ritmo, la pausa, fue el apuntador para dar el pase en su momento y dirección. Milito fue mucho más de lo que se esperaba.
Su compañero era Gabriel Hauche, pero terminó siendo Gustavo Bou, cruelmente cuestionado que supo emerger desde la adversidad en el momento y consagrarse como el máximo artillero del Racing campeón.
Milito tuvo un papel determinante en el torneo cada vez que estuvo en cancha: de los 18 partidos que jugó, Racing se impuso en 14, empató uno y cayó en tres oportunidades.
Además, anotó seis tantos que sirvieron para conseguir cuatro triunfos (ante Defensa y Justicia, Estudiantes, Boca Juniors y Rosario Central) y una sola derrota (1-2 ante el rojo).
Con el título de esta noche Milito quedará para siempre metido en el corazón de los académicos, quienes ya tienen el bronce listo inmortalizada al lado de la de Mostaza Merlo.

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