Los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro, los primeros de Sudamérica, arrancaron ayer con una ceremonia inaugural cargada de mucha samba y protesta política. Pablo Molina y Carlos Carrizo serán los salteños presentes en fútbol 7, que debuta esta tarde a las 16.15 ante Irán.
El fuego paraolímpico brillará en el estadio Maracaná hasta el 18 de septiembre en la ciudad carioca donde se han dado cita 4.342 deportistas discapacitados de unas 160 delegaciones, incluyendo un equipo de refugiados que encarnan ejemplos de determinación, constancia y superación.
La ceremonia arrancó tan pronto cayó la noche con una rueda de samba, que una vez más mostró la riqueza musical y la vitalidad de este país sumido en una severa crisis económica y política.
El viaje transmitido por video del presidente del Comité Paralímpico Internacional (CPI), Philip Craven, de Gran Bretaña a Brasil, arrancó el espectáculo en el que participaron unas 500 personas en escena, entre coreógrafos y artistas, algunos con discapacidad.
El Maracaná de repente se convirtió en playa, escenificada con los típicos vendedores ambulantes, las sombrillas y el tradicional aplauso de agradecimiento al sol, todo bajo clásicos como "Río de Janeiro continúa lindo".
Un momento emocionante vino con el himno brasileño: lo tocó el maestro Joao Carlos Martins, que en un momento abandonó el piano por una atrofia en las manos, pero luego lo retomó y demostró que aún tiene grandes talentos.
Y luego vinieron los protagonistas: los atletas, que desfilaban al ritmo de la contagiosa música brasileña. Los nombres de las delegaciones iban en piezas de rompecabezas que se iban juntando en el medio del escenario.
La ceremonia concebida por el diseñador Fred Gelli, el escritor Marcelo Rubens Paiva y el artista Vik Muniz tuvo como lema "Todo el mundo tiene un corazón", y estuvo centrada "en la condición humana, los sentimientos, los desafíos, la solidaridad y el amor".

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