Darío Benedetto hasta antes de hacerle tres goles a Quilmes había redondeado malas producciones, falta de puntería y una sequía de gol preocupante (solo convirtió uno por Copa Argentina).
Sin embargo, el maleficio que se rompió ayer comenzó a gestarse el miércoles: mientras Benedetto estaba en la mira por su bajo rendimiento, dos señoras lo interceptaron al terminar la práctica y le hicieron un regalo inédito.
Al delantero le obsequiaron un trébol de cuatro hojas para cortar con la sequía, el cual agradeció amablemente y prometió "guardarlo en los botines".
Y vaya si funcionó. Benedetto fue la figura del partido y comenzó a ganarse a los hinchas.

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