En los cálculos previos, Juan Martín del Potro le iba a dar a la Argentina dos puntos en la quinta final de su historia. Era casi seguro y sigue siendo altamente probable que el tandilense provoque el quinto partido. Pero aún así no va a alcanzar. El dobles era un duelo fundamental para descorchar el domingo. En el dobles había que poner todo y así lo entendió el capitán Orsanic, pero fundamentalmente porque Del Potro siempre fue la clave del éxito en Zagreb. Con los "huevos" que puso en este 2016, el tandilense era el depositario de las ilusiones nacionales y un certificado de garantías que tiene vigencia plena.
En el juego de pareja Juan Martín no estuvo cómodo, su drive fue escaso y tampoco pudo equilibrar el juego que con Leo Mayer se desbalanceaba de a ratos. De Yacaré pasó a ser una lagartija ya en la entrada de la siesta argentina.
El dobles, con Del Potro, era prácticamente la salvación. Ahora el salvador tiene que ser otro. La llave de la felicidad ya no la tiene Delpo, sino sus compañeros, Federico Delbonis o el propio Mayer, cualquiera de los dos que salga a jugar un hipotético y definitivo quinto punto. Esa es ahora la clave para dar vuelta la historia en Croacia, para romperla.
La "Torre" puede volver a empatar la serie ante Marin Cilic porque está a su altura, porque está curtido con el cansancio pese a que en el ránking haya 32 pasos de distancias (de 6 a 38). No obstante, nadie se soprenderá si Del Potro le devuelve la ilusión a los argentinos cuando el asado esté por servirse, cuando la ensalada sea por demás tentadora en este mediodía de domingo. Pero él solo no pudo ni podrá. Para que Argentina sea por primera vez campeón de la Davis ya no depende de su destreza, sino de quienes están a su lado. Esa es ahora la clave.

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