Nadie tropieza con la misma piedra, reza el refrán. Boca lo hizo. Se dejó seducir con un juego tan mediático como inconcluso, pero también con un jugador polémico, conflictivo, inmaduro y que demostró que "le encanta la joda".
Rockero, un habitual visitante de los medios de comunicación y farandulero, "danistone" volvió a convertir a Boca Juniors en un cabaret.
El año pasado dejó el club seis meses antes de lo previsto por el escándalo con su ex, la actriz Jimena Barón, pero se le abrieron nuevamente las puertas xeneizes, jugó poco, no hizo goles y se lesionó.
Después regresó la fiesta. El exceso de indisciplina hizo explotar al Barros Schelotto, que también había sido echado de Boca cuando "se cruzó" con el entonces DT Héctor "Bambino" Veira.
Y a pesar de que el Bambino terminó "abrazado" en un escándalo con la travesti Sebastián "Malena" Candelmo, es otra historia, como lo fue el bochorno de Carlitos con Natalia Fassi o la de la travesti con Chávez o las fotos hot de Sebastián Palacios. Esas son tormentas que se diluyen con "la salida del sol" en poco tiempo.
Pero lo de Osvaldo va mucho más allá. Cuando llegó el año pasado a Boca ya había pasado por 10 clubes en 10 años y desde que regresó este año de la mano de su amigo Carlos Tevez jugó solo 5 partidos en 4 meses y no concretó ningún gol.
Boca es Boca, cabaret o no cabaret, pero hay que dejar la vida por el club más popular del planeta y "deshidratarse" por la camiseta. Osvaldo no lo hizo y merece salir por la puerta de atrás, anticipadamente, antes de que llegue el próximo "ajuste", que llegaría en junio.

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