Llegar al fútbol grande es muchas veces un sueño lejano para los jugadores del interior, pero no imposible, tal como lo refleja Domingo Orlando Cardozo, conocido como "El Huracán", quien de Embarcación llegó a jugar en Primera División y hasta con jugadores de gran nivel internacional.

¿Cómo arrancó ese sueño de llegar al fútbol grande?
Yo siempre soñé con ser jugador de fútbol, de muy chico. Me entrenaba mi papá hasta los once años, me seguía en todos los partidos, trataba de corregirme, eso lo hizo para ver si realmente me gustaba el fútbol. A los 13 años me llevó a probarme a Buenos Aires, en Racing, me tuve que volver porque debía pagarme la pensión. Me volví a Orán, a los 16 años empecé a jugar en Aviación, y para mí ya era lo máximo, ahí di mis primeros pasos en el fútbol profesional.

Fue tu primera experiencia.
Tuve dos años muy buenos en Orán y luego me llevan a probar a Ferro con 18 años. Estaban el arquero Rocha, Sava y el técnico era Timoteo Griguol. Me ponen a hacer un trabajo con pelota y no lo sabía hacer, no tenía esa formación, me preguntaban si había hecho escuela y les dije que no, mi escuela fue mi padre con lo que me enseñó. No quedé y volví a Orán; trabajaba en una carnicería y me compraba El Gráfico todas las semanas. Una vez viendo la revista había una nota del Beto Márcico que decía que a los 23 años lo sacaron de un potrero y lo llevaron directamente a Ferro, jugó en Primera, después fue lo que fue como jugador. Yo me decía: a los 23 años puedo lograrlo.

¿Hubo revancha entonces?
Salió la posibilidad de mi llegada a Central Norte por una prueba que consigue un dirigente de Aviación, Manuel Ybba, que se contactó con Fuado Abdenur y es quien me trae a Central. Una semana a prueba, me salió todo redondo esa semana y quedé. Arranqué el clásico con Juventud, lo perdemos 1 a 0 con gol de Toti Olarte. Jugamos otro clásico contra Juventud y en la semana lo agrandaban al Oso Vera. Yo me preparaba para ir a la guerra, yo mismo me decía: en la primera que tenga le pego un choque y lo clavo al piso y así era. De ahí me apodan Huracán y me toca convertir en el segundo clásico. Siempre dije que Central Norte fue el trampolín para mi carrera, voy a ser un agradecido toda la vida.

¿Quedó un cariño especial por Central Norte?
De chico, mi padre tenía una Zanella 200, donde jugaba Central Norte estaba mi papá y yo lo acompañaba, íbamos a Salta, Ledesma, siempre acompañando al cuervo. Fueron momentos muy lindos y al no tenerlo hoy a mi viejo, sé que mi papá lo disfrutó, verme con la camiseta de Central Norte y verme convertir goles con esta camiseta.

Te vas a Buenos Aires...
Me voy a jugar a Colegiales, hago un buen campeonato y me llevan a San Lorenzo, un equipo con grandes figuras: Gorosito, Ruggeri, Silas, Biaggio, Beto Acosta, jugué siete partidos en Primera y marqué tres goles. En grande uno se da cuenta que logró llegar lejos más que nada por el sacrificio. Ser jugador no es fácil pero no imposible y para jugar en nivel profesional tenés que dejar la joda, los vicios.

También te diste el lujo de jugar en Colombia.
Tuve la oportunidad de llegar a Colombia, primero en un equipo de Barranquilla y después a Independiente de Medellín. Con René Higuita, Giovanni Hernández, el Tren Valencia. Me encanta el fútbol, amo el fútbol, si en otra vida Dios me da a elegir, pediría ser jugador de fútbol porque es lo más lindo que hay.

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