Dio para todo. Con el regreso de Central Norte a su cancha, luego de largos e interminables quince años, hubo lugar para todos. Para los elogios, para algunas críticas que quedaron dando vueltas, para los envidiosos, los agradecidos, los melancólicos, los demagogos... Muchas opiniones que en un principio soslayaron la importancia que revestía este acontecimiento para los hinchas cuervos se revirtieron en el aire. Esos opositores de la vida que habían tildado como un engaño a esta movida, terminaron "pegados" y en silencio.
Lo que sí estaba claro es que para poder volver a barrio norte había que hacer foco en la seguridad. Ese era el principal obstáculo y lo que apuntamos desde estas páginas. Y esta dirigencia, que se equivocó al no decir la verdad en las primeras inspecciones, procuró con las fuerzas de seguridad no dejar librado nada al azar para contener cualquier conflicto y a los barras divididos. Siendo partes o no, porque los dirigentes de todos los clubes están involucrados directa o indirectamente con los violentos. Y así como algunos suelen borrarse en las difíciles, cuando las cosas no se hacen bien deportiva, económica o administrativamente, vale destacar la logística que envolvió este regreso.
La decisión de que solo los socios puedan asistir al estadio fue un acierto, como así también la apertura hacia ese grupo de jóvenes que trabajó sin cansancio, que paleó, pintó y se ensució las manos. Ellos fueron los principales percutores de este éxito. Es que no falta quien, por lo bajo o por lo alto, se adjudique tremendo logro. También es cierto que la fiesta que se vivió en el Dr. Luis Güemes será usado como caballito de batalla para las elecciones de fin de año.
Y en las redes sociales convivieron los pro y los contra, el desahogo de un lado y el chicaneo barato del otro. Decir que Central solo pudo convocar a 3.500 hinchas es una mentira. Su poder de convocatoria es tan grande como el del santo. Se trataba de alcanzar la cifra histórica de 3.500 socios. Y Central logró más que eso, en tiempo récord. Esto puede marcar un antes y un después para el fútbol grande de Salta. Si Juventud y Gimnasia también decidieran jugar solo con socios se asegurarían un capital, se facilitarían muchas cuestiones y serviría, además, para erradicar la violencia. Un tema que, como mínimo, requiere de una exhausta revisión.
Y para el hincha cuervo, ahora convertido en socio, después de esta jornada jubilosa, le queda el desafío de permanecer, de seguir colaborando y no solo por este partido. Un verdadero desafío.

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