Para ser campeones hay que desligarse de casi todo. Conservar el amor propio, la actitud y principalmente dejar de lado la lucha de egos, que tantas veces castigaron al equipo argentino. Desde 1981 hasta el 2016 las luchas internas entre los protagonistas argentinos fueron bombas de tiempo que explotaron en el momento justo para perjudicar esa ansiada búsqueda de la Ensaladera de Plata.
Guillermo Vilas y José Luis Clerc no se podían ni ver, menos hablar en la final contra Estados Unidos en 1981; después de la derrota contra España en 2008 en Mar del Plata se conocieron los roces entre el encumbrado David Nalbandian y el prometedor Juan Martín del Potro.
Este grupo, liberado de ese egoísmo, se creó sin Del Potro, pero sin el tandilense hubiese sido imposible ganar la Copa Davis. Leo Mayer y Fede Delbonis fueron imprescindibles para mantener a la Argentina en el Grupo Mundial y acoplados al as de espada establecieron un grupo unido para tirar todos juntos hacia la gloria que fue esquiva en cuatro ocasiones.

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