Lo que se hereda no se hurta, dicen. Y es verdad, porque las personas obtienen algo más valioso que el patrimonio económico que les dejan sus antepasados y es nada menos que la pasión. El deporte es un claro ejemplo, especialmente en el fútbol: los hijos suelen tomar el fanatismo por el club del que son hinchas sus padres, hermanos, tíos o abuelos.
En otras disciplinas, como el tenis, hockey o rugby -por citar algunas-, los jóvenes optan por seguir las carreras deportivas que sus progenitores hicieron alguna vez.
Sin embargo, hay muy pocos deportes en los que un padre puede compartir su pasión dentro de un campo de juego junto a sus hijos y el béisbol es una de estas actividades.
El claro ejemplo es el de Juan Sergio "Mono" Escalante, de 45 años, y de Diego Díaz, de 30. Ambos son compañeros de equipo en el club Los Cachorros y sus pequeños hijos Valentino Escalante y Leonel Díaz también lo son en batintín.
Las historias de los niños son un tanto fuera de lo común porque además de verlos jugar a sus padres, sus hermanos también aman la misma disciplina y sus madres vienen de la rama del sóftbol, un deporte muy cercano al béisbol.
Mono Escalante, además de Tino tiene tres hijos más: Gonzalo (22), Malena (16) y Candela (14). Con el más grande integra el mismo equipo, aunque el joven Escalante le ganó la posición: es catcher. A los 12 el Mono comenzó a jugar al béisbol en ese puesto, en el club Santa Ana. "Fuimos como siete amigos del barrio y seguí jugando hasta los 23", recuerda a El Tribuno.
Por esos años conoció a Cecilia (hoy tiene 43), su actual esposa y madre de sus hijos. Ella jugaba al sóftbol y él era su entrenador. "Con del nacimiento de Gonza, yo comencé a trabajar y nos fuimos a vivir a Córdoba así que dejé de jugar al béisbol. Después nacieron Malena y Candela". La mayor de las mujeres tomó la herencia paterna y se dedicó a la disciplina que el Mono siempre amó y después se sumaron todos.
Ahora es Tino quien causa sensación en el verde campo de Cachorros y muchos padres recuerdan sus primeros pasos en el béisbol.
"Tino tenía dos años y fuimos a un torneo en Córdoba. Le preguntaron si quería jugar y como él ya tenía el uniforme que su mamá le había confeccionado, aceptó. En un momento se cansó, vino hasta la conejera y pidió la mamadera", dice con nostalgia Escalante, quien ahora lo ve jugar a su hijo menor en segunda base, el puesto que él ocupa en categoría promocional.
"Sigue mucho a sus hermanos y los observa con atención. A mí me critica. 'Ves, me decís que ponga el bate de esta forma y vos lo hacés de otra manera', me reta", cerró.

La herencia, al revés

El caso de Diego Díaz es similar al de Mono, aunque él reconoce haberse contagiado de la pasión de su hijo y de su esposa Vanesa (30), que juega al sóftbol.
"A Vane la conocí en el profesorado de Educación Física. Ella ya jugaba en Cachorros y a mí en ese tiempo me comenzó a gustar el béisbol por el estudio. Después nos pusimos de novios y yo la venía a ver hasta que nació Leonel (8) y él desde muy chiquito comenzó a jugar, así que ahí nomás yo me sumé", cuenta.
"Leo venía a Cachorros desde los 3 años y un año después ya estaba jugando. Una vez hicieron un partido de padres vs. hijos y cuando terminamos de jugar, me decidí", recuerda.
Ahora no solo acompaña a Leo y a su compañera Vanesa a todos lados, sino que también se sumó Thiago, su hijo más pequeño, quien ya cumplió 3 años y pide pista.
"De a poco comienza a jugar y viene a jugar con los batintines, ya que Vane es la entrenadora de los más chicos", dice Diego, y agrega: "Más allá de la pasión de cada uno por el béisbol y el sóftbol, para nosotros es compartir en familia algo que nos gusta. Si no es Vanesa la que tiene que prepararse para ir a jugar, es Leo o soy yo y vamos todos. Dentro de poco será Thiago también".
Mono y Diego saben que por tratarse de un deporte amateur, es muy factible que si continúan en la actividad, el día de mañana puedan compartir equipo con sus herederos, como hoy le pasa a los Escalante padre e hijo mayor.
Para ellos juntarse a ver por televisión un super clásico de fútbol es similar a observar las transmisiones de las Ligas Mayores de Béisbol en ESPN.
Sergio Escalante cree que el béisbol ocupa un rol fundamental en el lazo que tiene, por ejemplo, con su hijo mayor: "Gonzalo es una persona reservada que no es de contar mucho sus cosas. Tino es diferente y te cuenta sobre las 'noviecitas' que tiene en la escuela. Sin embargo con Gon tengo una relación muy especial cuando compartimos equipo, no solamente en los partidos, sino también en los entrenamientos".
Mientras se alistan para salir al diamante, Diego y Sergio saben que Leo y Tino están observándolos dentro de la conejera, porque se han transformado en una suerte de mascotas del equipo, junto a Santi, el hijo de Martín Lane, otro niño que también nació con el bate bajo el brazo y sigue de cerca los pasos de su papá, como tantos otros sucesores de beisbolistas salteños.

Chicas de Selección

Las hijas de Sergio Escalante, Malena y Candela, integran el seleccionado argentino de sóftbol y pese a sus cortas edades (tienen 16 y 14 años), residen en Paraná, donde entrena el combinado nacional. No son las únicas, ya que Sol Turlione y Candelaria Acuña también emigraron para perseguir sus sueños. Todas ellas antes de jugar al sóftbol, practicaron béisbol y son hijas de beisbolistas.
Sus hermanos también juegan.

Algunos casos

Gustavo Gómez: Conocido como “Loco”, es un reconocido beisbolista que le trasladó su pasión a su hijo Federico, hoy jugador de la Selección.

Manuel Pérez: Lito también juega en Popeye y comparte equipo con su hijo Matías. Juntos dieron la vuelta más de una vez.

Javier Macció: “El 3 de mayo de 2014 pude cumplir un sueño: jugar con mi hijo Facu un partido oficial”, contó emocionado.

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