En medio de tantas pálidas y de las clásicas carencias de ascensos y festejos mayúsculos, Salta, como plaza, aún cuenta con la "bendición" de poder disfrutar de un clásico con las dos hinchadas en cancha. Y, afortunadamente, los hinchas de Gimnasia y Tiro y de Juventud Antoniana ayer honraron ese privilegio con el buen comportamiento general y poniéndole al clásico la pimienta que a los jugadores tanto les costaba generar en cancha. La solvencia del operativo y la aplicación del derecho de admisión también neutralizaron cualquier foco violento para un partido de riesgo y con conocidos antecedentes de pujas de barras, sobre todo en Juventud Antoniana.
Ante la escasez de vuelo futbolístico, de aquella impronta que eriza la piel y recarga de adrenalina provocando un efecto contagio desde el césped al cemento, esta vez fueron los hinchas los que le dieron color al pleito.
El clásico contagió desde la previa y generó expectativas gigantes por el momento futbolístico envalentonado que precedía a antonianos y millonarios. Como hacía mucho tiempo no sucedía, 15 mil almas coparon el Gigante del Norte y dio la sensación que faltó lugar. La tribuna de calle Leguizamón fue copada por los hinchas del albo al punto que la Policía tuvo que habilitar la bandeja baja. La preferencial ex-Virrey Toledo y la cabecera de las instalaciones desbordaban de seguidores del santo y en las plateas no había butacas vacías.
Y pese a la intermitente presencia del fútbol y a la falta de cuestiones referidas al folclore propiamente dicho, la fiesta prevaleció. La ausencia del habitual cotillón (papelitos, banderas, bombas de humo de colores, redoblantes, bombos) conformaron también el compendio de un clásico extraño, en el cual a la música, ausente en la tribuna, la puso la Banda de Los Infernales, que entonó el Himno Nacional antes del arranque del partido para darle una pincelada aún más salteña a un clásico bien nuestro. Pero también el esperado duelo tuvo sus "clásicas" perlitas, como el hallazgo de casi 70 litros de fernet en un lugar tan insólito como el mismísimo campo de juego.
Los recibimientos de los equipos no le dieron al marco ese plus decorativo que condimenta la fiesta genuina de un clásico, por capricho de las fuerzas de seguridad, que consideraron "armas contundentes y amenaza de peligro" a trapos y papelitos.
En definitiva, prevaleció la fiesta, con componentes inéditos, pero fiesta al fin.
Y la disfrutaron los santos, pero también los dirigentes de Gimnasia (recaudaron alrededor de 1.300.000 pesos), quienes con un solo partido salvaron el semestre financiero con un éxito de taquilla.


16 detenidos y fernet en el campo de juego

Mucho se habló durante la semana con respecto al operativo de seguridad en torno al clásico que se jugó ayer en el Gigante del Norte. Hubo policías por doquier y el estricto control dejó como saldo 16 personas detenidas, entre las cuales se arrestó a una mujer, de acuerdo al informe que se pudo recoger por parte de los responsables que tuvieron a cargo el dispositivo de seguridad
Además, se aplicó el derecho de admisión, por lo que se logró la identificación de 18 hinchas de Gimnasia que tienen prohibido el ingreso al estadio cada vez que el equipo juega de local; mientras que 10 simpatizantes del santo también fueron observados por la misma causa y no pudieron ingresar al estadio de la Vicente López, a raíz de lo que la Justicia salteña dispuso oportunamente.
Como dato insólito, cuando la policía realizó la requisa correspondiente horas antes del inicio del partido encontró en el campo de juego y detrás de los carteles de publicidad, 70 litros de fernet enterrados, que fueron inmediatamente secuestrados.
Al finalizar el clásico, los primeros en retirarse fueron los hinchas de facción La Número Uno de Juventud; luego los simpatizantes albos y finalmente La Leal, también del santo, que se apostó en la tribuna norte del Gigante.



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