Durante muchos años, la “9” de Central Norte fue un karma, una tortura. Quien osaba cargar con el peso de tamaña casaca la padecía. De hecho, la constante de no poder ligar en el arco contrario fue uno de los argumentos más contundentes para explicar los fracasos del cuervo en los últimos años y la frustración de las dos pasadas temporadas, en las que vio pasar de lejos las oportunidades de regresar a la categoría que tanto se merece por “chapa”, pero cuyo logro no puede cristalizar por sucesivos errores en el camino. Ese camino que todavía no comenzó para Central. Y si bien todas parecieran ser meras especulaciones y estimaciones antes de la hora “de los bifes”, el DT Marcelo Castro ya tiene varias certezas y se mostró ampliamente conforme con el rendimiento integral del equipo en los 180 minutos ante el albo. Una de ellas tiene que ver con sus atacantes. Aparentemente, el cuervo tiene “9” para tirar manteca al techo.
Castro se la jugó en la revancha ante el albo con una fórmula bien salteña: Miguel Puntano y Fabricio Reyes. El primero mostró ganas, hambre y armas para pelear un puesto. Y el segundo comenzó a ratificar en la breve estadía copera aquella condición de goleador neto que se ganó en el pasado Federal B jugando para Tabacal. Pero como para complementar a sus locales, el estratega también tiene a su disposición a su compendio de foráneos, quienes ayer metieron presión en el amistoso con los suplentes de San Antonio (Matías Barbuio marcó tres tantos y Sebastián Monesterolo uno en la goleada del cuervo 4-1 sobre la villa).
El cuervo formó ayer con aquellos que no actuaron en el clásico, e hizo fútbol por primera vez el flamante refuerzo Nicolás Canavessio. Alistó a Rodríguez; Armella, Canavessio y Beltramo; Bustos, Fernández, Zurita y Acosta; Vargas; Monesterolo y Barbuio.

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