Alucinante. El Dakar hizo vibrar a la gente al ritmo de sus motores en su paso por San Rafael, el paraje cercano a San Carlos, a orillas de la ruta nacional 40. Salteños, tucumanos y también algunos turistas armaron la escenografía perfecta con carpas gacebos, sillas y sombrillas.
Desde la madrugada, San Rafael se volvió más fierrera que nunca. Algunos se instalaron la noche anterior, con asado, música y fuegos artificiales que estremecieron el cañón por donde asomaron los vehículos.
El cañón, precisamente, fue la vedete del lugar, un camino empedrado que se va volviendo más angosto y peligroso en su interior.
Paulo Gonçalves abrió la mañana a toda velocidad. Una hora después de lo previsto, comenzaron a desfilar las motos (8.33 exactamente). Por detrás del compañero de equipo de Kevin Benavides, con apenas 2 minutos de diferencia, pasó Toby Price, luego Mathías Walkner y por detrás el chileno Pablo Quintanilla.
El cambio de ritmo llegó con Diego Licio y su cuatriciclo Yamaha, pasadas las 10 de la mañana y con una diferencia de 10 minutos hizo su aparición Daniel Domawseski, salteño por adopción, aunque no fue reconocido por la gente.
La emoción mayor lógicamente vino con los autos. La mañana quería aplacarse por la intermitencia de la competencia, pero el 301 encendió la adrenalina: era nada menos que Al-Atiyah, el príncipe qatarí. Y por detrás, bien pegadito, Sebastian Loeb y su Peugeot, "tipo araña", según alguien que estaba en el lugar.
El experimentado francés les dio un susto bárbaro a los fanáticos, ya que la curva antes del río llegó hasta la zona de espectadores, mal marcada dicho sea de paso. La Policía notó el alto grado de peligro que representaba esa curva para la gente, por lo que decidió volver a marcar el límite.
De Villiers, Peterhansel e Hirvonen dejaron las huellas aún más marcadas y el trazado se volvió más complicado para los que venían atrás. El que paso desapercibido fue el argentino Orly Terranova, media hora después.
Chicos, grandes, mujeres, ancianos. La platea montada a la vera del río Calchaquí estuvo repleta de una pasión que crece año a año con el Dakar.

  • "Kevin ahora acompaña"
En las arenas del río Calchaquí, desde la madrugada, se escuchó el sonido de las motos. Muchos enduristas dijeron presente y mientras aguardaban la competencia se animaron a algunas piruetas.
Uno de esos pilotos era nada menos que Norberto Benavides, el papá de Kevin, quien finalmente no pudo correr por una fractura de muñeca.
Norberto le contó a El Tribuno que su hijo acompañó hasta ayer, en Jujuy, a sus compañeros de equipo.
"Kevin está con el equipo, se lo pidieron pero solo será en algunas etapas. El está bien, esta fuerte, ya lo asumió hace rato y ahora esta es su forma de disfrutar del Dakar", señaló.
La imprudencia también dijo presente en San Rafael. Abraham Liborio, miembro del cuerpo de rescate Malvinas Argentina y a cargo de la seguridad en la zona de espectadores, señaló que la gente no hace caso a las indicaciones. "Le hacemos las recomendaciones a la gente, pero casi nunca respetan", dijo.
Liborio hizo un trabajo preventivo desde la noche del martes junto a su compañera Aldana Gutiérrez. Además, el Samec afectó a unas 13 personas. También trabajaron personal de Defensa Civil, Gendarmería y de la Policía provincial.


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