Hay momentos en la vida que quedan grabados en la memoria así pasen 10, 20 o 50 años del acontecimiento, a pesar de que lógicamente se vayan perdiendo los detalles con el paso del tiempo. Me pasa con varios hechos que me marcaron para siempre y uno de los más importantes es el que hoy cumple 22 años: la primera y única vez que vi en vivo a un tal Diego Armando Maradona.
Argentina jugaba con Marruecos y yo con solo ocho años había recibido la mejor noticia de mi corta vida: mi hermano Jorge gastó algo así como el 15% de su sueldo para llevarme a la cancha para ver a Maradona y a la Selección, contra un país que yo ni siquiera tenía idea que existía.
Recuerdo que la noche anterior mi "vieja" me llevó caminando a la entrada del barrio (Intersindical) porque por la entonces avenida Kennedy pasarían los jugadores. Me compró una de esas banderas plásticas con palo astillado que hice flamear cuando vi pasar el micro.
No sé si esa noche me habrá costado dormir, pero sé que el día siguiente fue agotador. Antes de las 12 ya estábamos con mi hermano y un amigo afuera de la tribuna Virrey Toledo y a las pocas horas, adentro. Del aburrimiento contaba las butacas vacías de los afortunados que tenían platea numerada y que llegaron sobre la hora. Había que estar atentos a las bolsas con dudoso líquido que viajaban de un sector a otro, hasta que se hizo la hora del partido, donde pude ver y gritar un gol de quien, para mí, fue el mejor de todos los tiempos.

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