Diego Armando Maradona es un genio irrepetible. Un hombre que nació para jugar al fútbol. Un crack tocado por la varita mágica. Es imposible hablar de la historia del deporte sin mencionar su nombre.
En Salta, un 20 de abril de 1994, cerca de 35.000 personas tuvimos la fortuna de ver todo su esplendor en vivo y en directo en un Gigante del Norte que fue el escenario de una noche de gala.
Ese día para muchos se hizo realidad el sueño de ver de cerca a uno de los mejores jugadores de la historia y máximo ídolo de la Selección argentina. Ese 20 de abril de 1994 "D10S" jugó por tercera vez en Salta, (dos partidos con la Selección y uno con Argentinos Juniors). La excusa fue la inauguración del nuevo estadio de Gimnasia y Tiro. El rival fue Marruecos. En un Gigante del Norte colmado se presentó la Selección dirigida por Basile, que se preparaba para el Mundial de EEUU.
Ese 20 de abril de 1994 Maradona deleitó a todos haciendo jueguitos con una naranja que le arrojaron los hinchas. El crack recogió una del piso y comenzó a jugar con ella con su zurda de fantasía. Primero pegada al pie y lento, luego a media altura a otro ritmo.
Este hecho es una anécdota que muchos de los que tuvimos la suerte de presenciar guardamos en el cofre de los recuerdos. Todo el estadio ovacionó al ídolo, que lo retribuyó con aplausos cada vez que se acercaba a patear un córner. No fue la única vez que utilizó de pelota una naranja. Ya lo había hecho ante Colombia en El Campín, en las eliminatorias.
Ya lo dijo Michel Platini: "Nadie duda que Zidane es un jugador tremendo, pero lo que Zidane hace con una pelota, Maradona lo hace con un naranja".

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