El estadio mundialista salteño Padre Ernesto Martearena no está en condiciones. Lo dijeron el técnico de Rosario Central y dos de los jugadores canallas, lo expresaron por todas las radios los periodistas deportivos salteños y, finalmente, lo ratificó el secretario de Deportes de la Provincia, Sergio Plaza. Su razonamiento fue curioso: "No será la cancha de Barcelona pero se puede jugar". Los futbolistas, en realidad, la comparaban con la cancha de Formosa. Finalmente, Plaza reconoció que tampoco hay suficiente inversión en mantenimiento y que al césped le falta riego.
En este caso, como en otros, se nota que el Gobierno hace la plancha.
El Estado administra un estadio que debe ser competitivo; los jugadores tienen derecho a exigir que se encuentre en condiciones.
El Gobierno asigna a esa función un generoso presupuesto, que solo se justificaría para mejorar la posición de Salta en la consideración nacional. Ayer, la comparación con el estadio sanjuanino donde jugaron Boca y Lanús nos dejó mal parados. Cualquier partido debe jugarse en óptimas condiciones, aunque sea de categorías menores. Plaza prometió resembrar el césped y ponerlo a nuevo cuando lleguen las lluvias del verano. La cancha debía estar anoche, no en enero, a la altura de una semifinal de copa. Lo mejor hubiera sido no aceptar la condición de sede. No es que falte agua, faltan estrategia y gestión.

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