Los fracasos deportivos de Juventud Antoniana y Gimnasia y Tiro en el Federal A generan más interrogantes que respuestas. ¿Por qué?, ¿cuáles fueron los motivos?, ¿qué hay que hacer para cambiar realmente el destino de los clubes grandes de Salta?
Hace ya varios años que, suponemos, las dirigencias van a aprender de los errores. Aprenden, corrigen, pero el resultado es el mismo. Entonces, supusimos mal. No es responsabilidad exclusiva de los dirigentes tantos magros desenlaces. Qué se les puede recriminar a autoridades de Gimnasia si cuando ratificaron a Salvador Ragusa como DT se pensó en respetar un proceso. ¿Acaso no criticamos esto también? ¿Qué se le va a machacar a Muratore y compañía si decidieron traer a otro entrenador, fuera del circuito salteño, lo que también sacudimos permanentemente? Si traen técnicos conocidos pasan a ser presas fáciles de las críticas. Si traen técnicos nuevos, también. ¿Entonces?
8 años ya lleva el fútbol salteño sin poder regresar a la se­gunda división del fútbol argentino desde que Ju­ventud perdió la categoría en el 2006.
La fórmula para ascender es mucho más compleja que una decisión de escritorio. Incluye otros factores e involucra necesariamente y en gran medida a los jugadores, los que en definitiva deben resolver dentro de las canchas. Ellos sí tienen un alto grado de responsabilidad, amén de que hayan llegado de la mano de tal o cual dirigente. Y la mayoría de los futbolistas que jugaron en esta temporada en Gimnasia y en Juventud tuvo el consenso de todos. Hinchas, dirigentes y periodistas, todos. Pero como pasó con muchos otros, llegan a Salta, juegan mal, se van y se destacan en otras provincias. ¿Cómo se explica esto?
16 años pasaron del último ascenso que festejó Juventud Antoniana de la mano del DT Agustín Comelles. Luego se mantuvo ocho años en la B Nacional.
También hay otros factores que nos alejan del objetivo: la suerte y las rachas, por ejemplo. El deporte se entrelaza con el azar permanentemente y está vinculado directamente a esos lapsos negativos. Si no podemos ver esto como una partecita de un todo no podemos reconocer a los campeones que no tienen suerte. Los fracasos de los clubes salteños también tienen que ver con esto. Sino, ¿cómo se explica que el Tano Riggio se haya ido de Salta, tildado como "técnico cagón" y ahora sea un ídolo con el ascenso que logró dirigiendo a Central Córdoba? ¿Cómo se explica que jugadores como Raúl Zelaya o Enzo Noir se destaquen en otros equipos que todavía están luchando por el ascenso? ¿Cómo se explica que Gustavo Coleoni haya conducido al descenso a Central Norte prácticamente y hoy puso a Sportivo Patria en carrera por el ascenso a la B Nacional?
Vamos a comenzar a pensar que, a contramano del popular refrán, todo lo que toca el fútbol salteño no lo hace oro sino lo destruye, lo seca.
Y así, los ejemplos seguirán brotando. Jugadores o entrenadores que pasaron por Salta fueron despedidos y hoy disfrutan logros en otras partes. ¿Cómo se explica? Vamos a comenzar a pensar que, a contramano del popular refrán, todo lo que toca el fútbol salteño no lo hace oro sino lo destruye, lo seca. Pero eso no puede ser verdad. Tampoco podemos acudir a ese discurso "facilista" que despotrica contra los jugadores foráneos para elevar a los locales y que nada tiene que ver con la realidad. No es la solución. ¿Hay que sentarse a esperar a que caiga un ascenso del cielo? Nadie propone eso. Los dirigentes deben seguir trabajando a conciencia, achicar el margen de error y los jugadores que se queden o vengan deberán hacer bien las cosas. Algún día la suerte tendrá que cambiar.

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