"Si me voy ahora sería un cagón". El Beto Pascuti parecía estar decidido a pelearla. Pero se fue. Entonces dejó su valentía de lado, un sueldo por donar a las inferiores y muchas preguntas sin respuestas. ¿Se fue por pedido de su familia, para no volver a tener problemas de salud, porque los jugadores realmente ya no le creían o por la presión externa?
La realidad es que en Juventud no hay garantías ni contención. En el medio quedó descubierta una red de mentiras. Si Pascutti ya había renunciado antes, la dirigencia tampoco tuvo la valentía de decirlo. Y mintieron todos en aquella farsa conferencia de prensa. Juventud no se merece tanto desatino. Todo un circo. Todo fue de cuarta. O de tercera. Como el Federal A. Como todo lo que en estos momentos envuelve y toma parte de Juventud. Todas fueron acciones dignas de un club sumergido en una categoría en la que todo vale, nada se respeta y nada se hace respetar. Y si adentro no están unidos realmente, los de afuera..., ya saben. Y el juego de las mentiras continuará si no cambian.
Pero como si fuera poco, la dirigencia de Juventud habló con el Tano Riggio para suceder a Pascutti. Y vendrán más presiones, esta vez de los hinchas, que no le perdonan aquel supuesto arreglo de partido entre Central Norte y 9 de Julio en el 2007, que perjudicaba al santo.
Por otro lado, no faltarán los que digan que ahora sí, Juventud va a ascender. Y tal vez sea cierto. Pero si llega a suceder no va a ser por la llegada de Riggio sino por lo que los jugadores sigan haciendo de la línea de cal para adentro. Siempre fue así.


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