Cuando una relación arranca torcida, cuando no se asienta sobre bases sólidas, cuando se nutre de engaños, mentiras, infidelidades y manoseos, difícilmente prospere. Tarde o temprano o -en el caso del brevísimo idilio entre Juventud y Aniceto Roldán- más temprano que tarde, la relación caerá irremediablemente en el fracaso, el noviazgo terminará reducido a una esporádica aventura y no durará más que un verano. Porque la relación no se alimentó de compromiso, comprensión ni convicción.
Esto es lo que sucedió con el breve ciclo de Aniceto en el santo. El árbol arrancó torcido desde la raíz. Por la incoherencia dirigencial al pregonar desde el vamos y a viva voz un proyecto “local” firme, con más austeridad y no tanto despilfarro, pero decidirse luego de tres partidos por prescindir del técnico “de la casa” y acudir a un DT como Juan José López (tendría todo acordado para arribar este fin de semana y tomar el mando del equipo), muy distante al perfil proclamado, con una foja de descensos sobre sus espaldas y que seguramente no será barato. Arrancó torcido porque salieron a bancar y a brindarle a Roldán la seguridad de que seguiría en el cargo tras el empate con Unión Aconquija e, incluso, los respaldos públicos continuaron días antes de la ruptura. Porque no hubo convicción sobre el proyecto, no solo por parte de la dirigencia, sino también de los jugadores: referentes cuestionaron públicamente la metodología de trabajo y esto detonó en el vestuario y tensó la relación plantel-cuerpo técnico. Así, cuando no tenés al grupo a tu favor, todo se hace más cuesta arriba. Lo cierto es que la dirigencia decidió cortar por lo sano y darle un fin al ciclo del DT pidiéndole que renuncie, pero que dirija hoy su última práctica.
Según se supo, el domingo ante Zapla dirigiría Miguel Velarde en forma interina. Y el popular “JJ” tendría todo listo para desembarcar antes del lunes.

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