El santo tucumano festejó albarazado las Pascuas porque logró su primera victoria en el torneo y en calidad de visitante. Para el albo salteño no hubo resurrección, cometió muchos pecados, en lo estratégico y en lo colectivo, y los pagó con otra derrota.
Y el 2 a 0 final a favor de San Martín de Tucumán, con los goles de los ingresados Lucas Chacana y Gonzalo Rodríguez, dejó más que preocupados a los simpatizantes de Gimnasia y Tiro porque ayer el equipo desnudó muchas falencias, comenzando por un erróneo planteo de juego, pasando por la falta de juego en conjunto y terminando por el bajo rendimiento individual de la mayoría.
El mayor de los pecados estuvo tal vez en el esquema, porque no se puede encarar un partido de local como si lo estuviera haciendo de visitante. Tal vez por temor a perder, por eso careció de ambición y se limitó a meter pelotazos para que se las arregle Leandro Zárate. Ahí se empezó a notar la falta de un accionar colectivo. Nunca buscaron asociarse y los volantes, caso Motta, Navarro o Apaza, cada vez que recuperaban la pelota la lanzaban inmediatamente hacia el área de los tucumanos buscando a Prieto o Bielkiewicz, que siempre recibían de espaldas al arco o presionados por los defensores tucumanos.
Quedó en evidencia que a Gimnasia le falta un conductor, alguien que en el medio genere fútbol, que sea más creativo. Motta asoma como el patrón de la zona media, pero no es un conductor ni un creador. Y el traslado de Apaza por derecha se hizo lento y el de Villarreal impreciso.
En el complemento dichas falencias se hicieron más notorias y el técnico de San Martín, Darío Tempesta, ni lerdo ni perezozo, mandó a la cancha a Lucas Chacana y a Gonzalo Rodríguez en lugar de los otros delanteros y le salió redondo, porque a los 28 minutos encontró el gol por el oportunismo de Chacana.
Gimnasia trató de reaccionar, más por amor propio que por rendimiento colectivo. El técnico Rueda buscó darle otra dinámica al equipo con los ingresos de Guglielmi y Guardo y le metió presión al cuadro tucumano. Hasta que a los 37 minutos lo pudo empatar cuando el árbitro chaqueño le otorgó un dudoso penal, tal vez compensando una anterior infracción a Zárate dentro del área. Pero el arquero Juan Carrera le tapó en gran forma el remate desde los doce pasos de Zárate.
Pese a crear un par de situaciones más, Gimnasia se encontró con un enorme Carrera, no solo por su estatura, sino por sus tapadas y su arrojo. Allí comenzaron los lamentos y el desencanto de los simpatizantes albos, que veían cómo su equipo caía en la desesperación y por ratos en la impotencia.
Para colmo de males, sobre el final del encuentro apareció Gonzalo Rodríguez, quien había ingresado por Uribe, para desairar al arquero de Gimnasia y establecer el dos a cero.
La desazón fue el marco final.
La bronca de los hinchas contra Luis Rueda, el corolario. Es que Gimnasia y Tiro jugando como ayer va a tener más sinsabores que alegría. Necesita urgente un cambio de mentalidad para revertir este presente.

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