Según la Real Academia Española, la “unión” se define como la correspondencia, la concordia y la conformidad de los ánimos, voluntades y dictámenes en relación a un objetivo; significado que dista bastante del concepto de “unidad” que hoy parecen concebir en la Vicente López sus protagonistas.
No ponemos en duda el amor por Gimnasia y Tiro que puedan sentir o profesar Marcelo Mentesana y Raúl López, hoy individualizados como potenciales oponentes en una contienda electoral, sobre quienes por ahora se polarizan las intenciones de ejercer el mando de la institución millonaria hasta fines de 2017.
Sin embargo, la reticencia al diálogo de uno u otro lado, las diferencias personales trasladadas a la problemática de un club que está muy por encima de los hombres y los nombres; las descalificaciones y chicanas públicas, la escasa intención de consensuar desde ambos polos y los egos personales atentan contra esa bandera de unidad que se pretende enarbolar desde la época del órgano fiduciario. Sí, el órgano, el triunvirato, la intervención, palabras que duelen y calan hondo en el alma de los asociados albos, aquel pesado legado de ostracismo que le quedó como herencia a los socios e hinchas tras nefastos torneos económicos en la década del 90, tiempos marcados por la gloria futbolera y por las irresponsabilidades dirigenciales compartidas que llevaron a la enajenación del patrimonio.
Nadie en la Vicente López quiere recordar esos años negros ni volver al pasado, aquel en el que mucha lágrima se derramó. Todos añoran un club social y deportivo próspero, con menos deudas, con más asociados, sin techo y funcional a sus socios, hinchas y deportistas. Y en ese motor deben enfocarse sus aspirantes al cargo y dejar de lado egos y diferencias, para que el vocablo “unidad” deje de ser un idealista y bonito slogan y pase a ser realidad, verbo y acción.
Al primer paso ya lo inició Mentesana, mal que le pese a sus detractores. Con poco tiempo de maniobra, intentó como pudo enderezar un club incendiado, captando material humano y ensanchando la masa societaria considerablemente en menos de dos años, aunque sus adversarios le achaquen el desequilibrio de las finanzas (al plantel profesional, de fútbol por ejemplo, se le adeuda casi tres meses de sueldos) y el fracaso del fútbol en los últimos dos años.
Viejos socios de la entidad millonaria, que endulzaron el paladar de gloria en años felices y que luego vivieron el tormento de la involución institucional posterior, coinciden en que Gimnasia, que experimentó un hondo vacío generacional en materia de directivos por más de una década, hoy no está en condiciones de desangrarse en una contienda electoral y que será el consenso y la humildad de todos los componentes lo que engrandecerá al club.
Sin embargo, las cartas están echadas y las diferencias entre las dos corrientes parecen irreconciliables. Raúl López, quien confirmó hace días su candidatura a presidente, acusa a Mentesana de no escuchar. Mientras, el presidente aún no se pronunció públicamente sobre si se subirá a no al “ring” electoral que propone Laucha.
Si bien no deja de ser saludable que el socio tenga el derecho de elegir por la alternativa que más le convenza, el fracaso de la unidad antes de tiempo tampoco es un síntoma alentador para lo que se viene.

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