Todo un campeón, invicto en la cancha y en el sentimiento santo. Hugo "Pistola" Dimarco, el temido delantero de Juventud Antoniana, que por momentos congelaba su mirada en el tiempo, recordó en diálogo con Alentando.com aquel torneo de honor de 1951, que quedó en los cimiento del Honorato Pistoia. Sus comienzos, la carrera profesional, el ocaso y el hoy, toda una vida dedicada al fútbol y a la familia.

¿Qué recuerda de ese histórico día?
Todo, hasta recuerdo a casi todo el equipo que formábamos: Moreno, "Juanito" Martínez y el "Negro" Martínez, Valdez, Tachini, "autito" Torres, Corbalán, el "Negro" Mamaní y yo.

¿Y el esquema de juego?
Todos los equipos jugaban con el mismo esquema: 2-3-5. Por eso ahora me río de la cantidad de variantes que tienen y a veces no llegan a la primera fase.

¿Su inicio profesional?
Mi primer partido en Primera División fue a los 17 años y me fueron a buscar a la casa porque les faltaba un wing derecho. Estoy hablando del año 1949. En realidad no éramos profesionales, pero sí trabajadores. Yo, por ejemplo, trabajaba con mi papá, que tenía una herrería artística en la calle La Rioja, frente a la escuela Roca.

¿Tiene un recuerdo clave?
Sí. Yo estaba haciendo el servicio militar en Campo de Mayo, había estado un año sin jugar y me llamaron para jugar con Federación, en la cancha de Gimnasia. Ganamos 1-0 con un gol que yo hice y salvamos el descenso. Lo extraño es que debe haber sido la única vez en mi vida que hice un gol de cabeza.

¿Entonces, de dónde viene el apodo "Pistola"?
Los que me vieron jugar sabían que siempre le pegué fuerte a la pelota, por eso me llamaban "Pistola" Dimarco. Yo tuve un hermano, al que le decían "Patita" y con quien tuve el privilegio de jugar, ya que nos llevábamos 11 años de diferencia. El ya tenía 28 cuando yo comencé en Primera y él hace tiempo era jugador seleccionado de la Liga Salteña de Fútbol.

¿Cómo era la vida de un jugador?
No éramos profesionales y todos trabajábamos. El profesionalismo llegó después.

¿Y los barrabravas?
No existían los barras, no había discordia. Había una sola entrada y se mezclaban todos. No se hablaba de 1.000 policías para la seguridad, como ahora. Había dos cosacos a caballo que se paseaban de punta a punta contra el alambrado y solo "corrían" a los "colados". Se llenaban las tribunas y la gente veía de parada el partido. Los adversarios solo existían dentro del campo de juego, porque en el resto de la cancha y afuera eran todos amigos.

¿Cuándo cambió todo?
Hace mucho, porque la gente cambió mucho y se perdieron valores. Antes había mucho respeto, por los viejos, por los jóvenes, por los chicos.

¿Y los campeonatos?
Yo jugué desde el 49 hasta el 62, en donde se hacía el campeonato argentino. Era un torneo nacional y jugaban, por ejemplo, La Federación Tucumana, la Liga Jujeña, la Liga Cordobesa. Era algo así como la actual Copa Argentina, comenzábamos jugando con equipos del interior de la provincia, como Orán, Rosario, Metán.
Después participábamos frente a las otras provincias. Allí se veía el poderío de los equipos y hasta se definían los campeonatos por muerte súbita (hoy también gol de oro).

¿Cómo lo ve al fútbol salteño?
Lo veo mal, muy mal. Los jugadores no juegan a nada. Hay muchos de afuera que yo escucho que ganan mucho y no hacen nada, que concentran, entrenan a doble turno, con una gran preparación, pero que al final no llegan a nada. Nosotros entrenábamos dos veces a la semana, éramos todos laburantes. Calentábamos y jugábamos hasta que se acababa la luz natural.

¿Y el pago?
En esa época te daban dos puntos por ganar y uno por empatar. Juventud nos pagaba por cada punto 20 pesos y sí, ganábamos 40. Para dar un ejemplo, con mi papá ganaba en la herrería un peso por día y hasta el sábado al mediodía cobraba 5,50. Pero también, en un partido con San Lorenzo llegamos a cobrar 70 pesos. Una fortuna.

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