Cuando muchos optan por ponerse la "10" en la espalda, él sintió, desde muy pequeño, que debía calzarse los guantes. Si a la mayoría les encanta poner la pelota dentro del arco y salir corriendo a festejar, él elige evitar que entre, abrazandola o, simplemente, tirándola para afuera.
Esta es la historia de Enzo Vázquez, un juvenil salteño que desde hace cuatro meses comenzó a forjar su futuro en uno de los clubes más grandes y populares de la Argentina: Boca Juniors.
Enzo sueña a lo grande y tiene casi todo para lograrlo. Dejó el club Los Cachorros de nuestra ciudad, donde jugó desde los 9 años, para comenzar a profesionalizarse con apenas 15 años de edad.
Su madre, Lorena, es ama de casa. Su padre se llama Cristian, es policía y ambos no dudaron en facilitarle todo para que libere sus sueños debajo de los tres palos de la séptima división del xeneize.
Sus hermanos Nahuel y Luciana también lo acompañan y se ilusionan con verlo alguna vez en el lugar que hoy ocupa Agustín Orión; o destacándose en el exterior, ¿por qué no? Y, curiosamente, estuvo a casi nada de pelear por un lugar en River Plate, en la vereda opuesta.
El menor de los Vázquez disfruta y se divierte con el fútbol desde los 4 años. Antes de jugar en Los Cachorros se formó en la escuelita Arsenal, también de la zona sur de la capital salteña. "Siempre fui arquero, desde que pisé por primera vez una cancha", recuerda Enzo en su visita a la redacción de El Tribuno y con la complicidad absoluta de su padre, quien lo observa con orgullo desde un costado.
"Estaba a punto de entrar a River, ya lo había probado varias veces el Pato Fillol", aporta precisamente su progenitor. ¿Y por qué terminó en Boca? Básicamente por una diferencia abismal de burocracia. Otros clubes como Temperley y Arsenal también intentaron ficharlo sin muchas vueltas y dejó pasar otra prueba en Independiente. En todos los casos, quisieron hacerlo quedar. Pero Enzo y su familia aguantaron por el "ok" de Jorge Rafo, el coordinador de las divisiones menores de Boca.
Con una rutina casi militar, Enzo relató su día a día lejos de Salta y de sus seres queridos, pero haciendo lo que le gusta, con la única manera para poder alcanzar su meta. El mensaje que utiliza como "avatar" de contacto de WhatsApp, lo describe: "Sin sacrificio no hay victoria".
Este salteñito reside en un departamento con cuatro compañeros más. Todos pibes. Es que la pensión de Boca está abarrotada desde hace tiempo, sobre todo desde que comenzó a cobijar a los juveniles del básquetbol. De todos modos, Enzo convive con los habitantes de la casa mayor con los chicos xeneizes hasta que llega la hora de dormir.
"Me levanto a las 6 de la mañana, como todos los chicos, porque el micro que nos lleva al entrenamiento parte a las 6.30 desde la pensión. Cada categoría tiene su micro. Nosotros (los de la séptima división) nos trasladamos en una combi hasta La Candela", cuenta.
La Candela es el predio que Boca le destina a toda su cantera. "A las 8, ya estamos entrenando -sigue relatando- hasta las 11. Volvemos, comemos en la pensión y a las 13 entramos al colegio".
Boca les exige, además, el estudio, por el cual tiene un convenio con un establecimiento que se encuentra a pocos metros de la Bombonera. La pensión también cuenta con salas de estudios y psicopedagogos que apuntalan a los jóvenes con los libros.
"Los sábados jugamos AFA y los domingos, Liga". Cuando dice AFA, Enzo se refiere a los torneos de inferiores que organiza la casa madre del fútbol argentino, que a su vez también organiza el torneo de liga, con la diferencia de que los jugadores de mayores condiciones participan en el primer certamen, el resto en el segundo en cuestión. Así, todos juegan.
"Éramos cinco arqueros en mi división, yo comencé siendo suplente en el torneo de la Liga, luego atajé varios partidos y hoy soy suplente en el torneo de AFA", contó.
Pero este fin de semana le tocó ser titular enfrentando a Quilmes.
El joven salteño, cuya máximo referente en el puesto es Gerónimo Rulli (surgió en Estudiantes y hoy ataja en la Real Sociedad de España), también suele cruzarse con los ídolos mayores del club bostero. Confiesa no ser amigo de las fotos pero le presta mucha atención al Cata Díaz, por ejemplo, cada vez que lleva a su hijo a la pensión, o cuando Agustín Orión pasa a saludarlos, casi todos los días. "También está Alexis Mesidoro (quien ya tuvo minutos en la primera), vive ahí, en realidad hay varios que están en primera y que viven en la pensión. Somos todos unidos, nos hablamos entre todos", cuenta Enzo.
De extrañar, casi nada para este changuito soñador. Todo sea por alcanzar su máximo deseo, el que tienen todos los pibes que corren detrás de una pelota. "Quiero jugar en primera, casi no extraño, hago lo que me gusta y me sacrifico por eso", resume.
Enzo vuelve a Salta rara vez. Apenas pudo visitar a su familia el fin de semana pasado y no sabe cuándo podrá regresar. Lo único que tiene claro es seguir adaptándose a la rutina del pelotón que Boca está formando en sus bases.

Está con otros salteños

Enzo encontró en Boca a otros tres chicos salteños: Luciano Giménez, quien recaló hace poco desde Central Norte y por el cual hubo un forcejeo entre clubes, a tal punto que la institución azabache logró asegurarse el derecho de formación en caso de futuras transacciones.
También con Lucas Maroco, que juega en la octava división y con Mateo Leavy, metanense, en la sexta. Este chico también jugó en las inferiores del Barcelona de España, cuando su padre se trasladó a ese país por trabajo.

Cachorros se quedó sin el derecho de formación

A diferencia de lo que sucedió con Giménez, por quien Central Norte se garantizó el derecho de formación, a Los Cachorros no le quedará nada más que el orgullo de haber tenido a Enzo entre sus filas. Sucede que el padre sacó el pase sin compromiso. "Para poder obtener la liberación, me bastó con pagar la cuota de socio puntualmente. Es la metodología que hay en el club". El derecho de formación será de Boca pero seguramente Enzo se acordará del club donde nació cuando llegue a Primera.

Un estudio dice que crecerá

Enzo tuvo dos días de prueba en Boca. Sus condiciones técnicas y su estado físico fueron satisfactorias. Pero su estatura no lo favoreció en el momento de la prueba. Con 1,76 metros, el coordinador general Jorge Raffo pidió ver a su padre. Y cuando vio la altura de Cristian, de 1,85m, se convenció. Y para respaldar la hipótesis del crecimiento, le mostraron un estudio realizado con el fémur y que determina la estatura a la que puede llegar una persona. Y Enzo será más alto que su "viejito".



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