Aunque los incidentes y las divisiones de hinchadas alejen al público de las canchas, aunque el hastío de los hinchas de los clubes salteños se exprese en los tristes números de taquilla en las boleterías y aunque, de a poco, el color parezca apagarse en los clásicos salteños a raíz de la prohibición al inofensivo cotillón que le da vida a los duelos antagónicos de la provincia, el choque entre Juventud Antoniana y Gimnasia y Tiro en el estadio Padre Martearena tuvo ayer su fiesta en las tribunas y se impuso la paz, por sobre todas las cosas.
Sin fuegos artificiales, bandas sonoras ni papelitos, los seguidores antonianos y millonarios se las ingeniaron para desatar una fiesta en el cemento.
Alrededor de 8 mil personas le dieron vida al clásico. Y si bien el número está lejos de ser elocuente y rimbombante, no escapa a la media general de los últimos “derbys” locales.
La alegría mayúscula fue para los hinchas de Juventud, quienes recordaron la honda paternidad sobre Gimnasia en clásicos y desplegaron su arsenal de chicanas; aunque los albos no se quedaron atrás en la disputa folclórica. Sin embargo, pese a ser los más sufridos y a padecer la apatía, el flojo rendimiento y la goleada en contra del equipo de sus amores, alentaron hasta el final desde la cabecera norte, con actitud y sin claudicar.
De acuerdo a las estimaciones policiales, alrededor de 7.300 hinchas abonaron su entrada en el clásico.


  • Algunas escaramuzas

Algunos incidentes, que no alcanzaron a opacar la fiesta del clásico, se registraron al finalizar el primer tiempo entre los hinchas del santo apostados sobre la tribuna preferencial norte y los albos que se ubicaron en la cabecera del estadio. Hubo proyectiles, amenazas e intentos de enfrentamiento que fueron sofocados por personal de Infantería. El operativo de seguridad, comandado por el comisario Humberto Yapura y para el cual fueron afectados 450 efectivos, esta vez no tuvo grandes fisuras como los anteriores, pese a la queja de muchos hinchas que tuvieron demoras para abandonar el estadio.
Hubo algunos detenidos y demorados por contravenciones a la ley del deporte y portación de sustancias prohibidas. El celoso cacheo y monitoreo a través del sistema biométrico y la implementación del derecho de admisión colaboraron para que la fiesta no se empañe.
Los hinchas del santo, pese a las absurdas y repudiables diferencias, al menos por 90 minutos se unieron en un solo grito. Y los albos no desentonaron pese a su tristeza y alentaron hasta el final.

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