Inglaterra vs. Gales fue un partido memorable por la emotividad, y especialmente por la intensidad antes que por la vistosidad. No se puede pedir mucho más para un clásico de ese calibre en una primera rueda de un mundial, o aun en un playoff. Twickenham tenía que coronar un ganador, y el visitante dio una sorpresa, pero los dos pagaron las consecuencias de tamaña aspereza. Gales perdió a tres jugadores por lesiones, y a dos de ellos por el resto del campeonato, e Inglaterra quedó con tres rugbiers en duda para el crucial choque del sábado contra Australia más una baja permanente.

El Mundial no da tregua. Desde el primer partido es mucho lo que hay en juego. Ya no sólo una derrota, sino hasta un punto de bonus que se escapa, puede implicar la eliminación. Nadie regala nada y las consecuencias están a la vista. En apenas dos fechas ya diez jugadores tuvieron que hacer las valijas y volver a sus casas por lesiones que los marginaron definitivamente de la competencia, un promedio de uno cada dos equipos.

Nick Easter va a saltar del otro lado de la raya al campo de juego en siete días. El capitán de Harlequins no había pasado el último corte en la lista del entrenador Stuart Lancaster y estaba oficiando de comentarista para la televisión: fue llamado a último momento para reemplazar a Billy Vunipola, desafectado por una lesión sufrida el sábado en los ligamentos de una rodilla. Y Ben Morgan, el otro Nº 8, está en duda para el crucial partido del sábado frente a Australia.


Fuente: Canchallena

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