Pese a que se baraja la posibilidad -que aún nadie negó- de que Gimnasia y Tiro mude su localía al Martearena para jugar con ambas hinchadas el tercer clásico de la temporada con Juventud Antoniana, el próximo 13 de abril, ni jugadores ni cuerpo técnico ni hinchas quieren moverse del Gigante del Norte. Y bien que lo hacen. Porque el equipo de Bianco logró en este corto proceso transformar a la Vicente López en una fortaleza infranqueable, donde los rivales sucumben y el millonario supo asumir el rol de protagonista que tanto se le exige en un reducto en el que muchos grandes supieron caer de rodillas, como sucedió en décadas pasadas, algo que perdió con el paso del tiempo. Hoy el albo se acostumbró a ser local en el Gigante, donde sus jugadores se sienten más cómodos y confiados para desplegar su juego y donde viene obteniendo puntaje ideal, con un registro de 9 unidades conseguidas sobre 9 en juego, con victorias en el primer clásico con el santo (3-1), ante San Lorenzo de Alem y Zapla (ambas por 2 a 0), todos triunfos claros, con dos goles de diferencia y donde los del Chaucha mostraron su mejor repertorio y sus virtudes.
Contrariamente, cada vez que a Gimnasia le toca salir del Gigante la pasa mal, parece perder sus “poderes”, resigna su eficacia y, sobre todo, su solidez defensiva, como si se tratara de una cuestión extrafutbolística más fuerte; llámese karma, pérdida de confianza o predisposición psicológica.
Lejos de casa, fue batido por Zapla (2-1), Unión Aconquija (3-0) y Juventud en el Martearena le infringió una goleada que aún duele: 4-0.
El domingo, a las 17, ante el último de la tabla, San Lorenzo de Alem, en Catamarca, tendrá la chance de vencer los fantasmas y sacarse la espina.

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