¿Es hoy Gimnasia y Tiro, respaldado por sus números, funcionamiento y efectividad consolidados a lo largo de la etapa clasificatoria, uno de los tres mejores equipos de la categoría? Sí, lo es; así como también es cierto que sus méritos fueron ponderados en toda una ronda. También es sabido que toda voluntad colectiva está compuesta de seres humanos erráticos y no de máquinas. Eso es inherente a cualquier estructura de trabajo. Siempre habrá errores en el camino, así como también un ojo que se encargará de remarcarnos cada intento fallido en nuestro afán de ser productivos en lo que hacemos. De eso forma parte el proceso de aprendizaje y crecimiento, en cualquier área y no es de “irrespetuoso” remarcar una falencia cuando de eso justamente se trata nuestro trabajo.
El buen momento general de Gimnasia, al margen de las dos derrotas recientes, no convierte al albo en inmune a la crítica, más al tratarse de un equipo que dejó la vara alta y que a partir del 2017 se jugará el ascenso en una instancia mucho más agobiante y contra rivales de otra estatura. ¿Es cierto que los arbitrajes de Mastrángelo y Correa fueron malos y perjudicaron sustancialmente? Sí. Pero esto tampoco debe “tapar” otra realidad: que el Gimnasia clasificado, por relajación, cansancio o lo que sea, bajó su rendimiento y evidenció descompensaciones y desorden ante situaciones adversas y errores sistemáticos para defender ante el santo y los jujeños, los cuales hoy no tienen impacto e incidencia directa en la tabla, pero que pueden implicar una alarma para el 2017.
El albo merece estar tranquilo por haber hecho bien los deberes en la fase de grupos, pero la serenidad debe “bajar” de las "cabezas" de grupo. El DT Bianco y su ayudante Noce, pero también los hinchas y hasta algunos periodistas, deben entender, más allá de cualquier calentura por un injusto fallo en contra o un mal resultado, que direccionar la culpa, esquivarle a la autocrítica, degradar la facultad de expresarse que tiene un comunicador, dramatizar todo o invitar a pelear a plateístas “a lo guapo” exacerban la histeria colectiva y la intolerancia que tanto mal le hacen al fútbol.

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