Orden, paciencia y solidez defensiva, tres argumentos que tuvo Juventud Antoniana para quedarse con el clásico ante Gimnasia y Tiro. Además manejó la pelota, los tiempos del partido, y fue el único que mostró argumentos a la hora de atacar. Y hubo una gran diferencia de lo que propuso uno y otro dentro de la cancha. El santo sabe muy bien a qué juega. Supo aprovechar sus virtudes y disimular sus defectos. El albo todo lo contrario. No se sabe a qué juega, abusa de los pelotazos como único argumento ofensivo, y cuando tiene la pelota no sabe qué hacer con ella, algo fundamental en el fútbol. Gimnasia tuvo su "veranito" ganando cuatro juegos seguidos, pero Juventud lo volvió a la realidad de un cachetazo. Y este cachetazo duele mucho más que el de San Martín de Tucumán o el de Concepción FC. El albo no ganó un clásico. Y cada vez que se enfrentó a un "equipo de los llamados serio", que cuenta con argumentos futbolísticos, no supo cómo resolver ni desactivar el paradigma que le propusieron. Gimnasia y Tiro es monótono. Aburrido. No ofrece nada. No entusiasma. Ataca a los ponchazos, a puro pelotazos, y, para colmo, tiene en el banco un DT como Luis Rueda que cuando "mete" mano desde el banco, por lo general, lo hace mal, sin una lectura cierta del juego.

Y ante Juventud se volvió a equivocarse. Sacó al único delantero que abría una pequeña "grieta" defensiva y preocupaba al santo: Diego Bielkiewicz para apostar a Hugo Prietto. No porque no pueda ingresar Prietto, sino por el buen partido que estaba haciendo el "9" albo.
Después mandó a la cancha a Diego Núñez, varió el esquema táctico, pero preocupó aún menos a un sólido Juventud, porque no pisó nunca el área de Mariano Maino. Al Nivi se lo vio falto de fútbol. Tampoco existe un nexo, un diálogo, entre los volantes y los delanteros. Casi siempre el equipo es "largo", entonces, desde atrás salen esas pelotas intranscendentes hacia la Chancha Zárate. Si hay algo que renocerle a este Gimnasia de Luis Rueda es que defensivamente está mejor, un poco más sólido, pero todos sabemos que en el fútbol es más fácil destruir que construir.

Tampoco existe una autocrítica del entrenador, más allá de señalar que él es el único culpable, y decir que la única deferencia entre Juventud y Gimnasia y Tiro fue el penal. Hubo muchas más diferencias, pero si él piensa que sólo fue esa, el hincha del albo se tendrá que acostumbrar a lo que vio el domingo en el Gigante del Norte, proque ese parece ser el mensaje que baja del entrenador hacia el plantel. Un argumento tan argumento como el fútbol que desplegó Gimnasia en el clásico.

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