Gimnasia y Tiro muestra en este torneo, más aún a partir de la asunción de José María Bianco como DT, una tendencia notablemente contrastante en relación a las últimas temporadas. Le cuesta mucho más sumar de local que de visitante. En la misma medida que el Gigante del Norte dejó de ser aquella fortaleza de antaño en la que se dejaba de rodillas a los rivales, el albo se agranda afuera de los límites del Portezuelo. En esa condición, el equipo de la Vicente López sacó la mayor cantidad de puntos desde la gestión del Chaucha: el albo parece jugar mejor, más cómodo y más suelto de contra, con espacios y sin la presión de la localía. Eso lo demostró contra San Jorge, Tesorieri, Zapla y Unión Aconquija (en la fase regular), pero también ante Sol de América en Formosa, frente a Talleres en el Kempes y San Martín, el pasado sábado, en la Ciudadela (por el tetradecagonal). Por el contrario, el Gigante parece pesarles demasiado a estos soldados de Bianco, quienes en las últimas fechas sintieron el rigor y la impaciencia del hincha, y a quienes se nota que les incomodó sobremanera vulnerar los planteos conservadores de equipos como For Ever, Unión Sunchales y Deportivo Roca. Para los nueve puntos que restan en el reducido final, de cara al objetivo aún palpable de terminar entre los cuatro primeros, Gimnasia debe aprovechar el envión de la mejoría ante el ciruja y revalidar su fortaleza en condición de visitante, allí donde tendrá dos pruebas de fuego, el domingo ante Juventud Unida de San Luis y en la última jornada frente a Tiro Federal de Bahía Blanca.

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