Este Gimnasia y Tiro de José María Bianco, en su nueva vieja versión, preocupa a todo en la Vicente López. Los dirigentes e hinchas se preguntan a qué juega o a qué intenta jugar este equipo del Chaucha, porque todavía no entienden ni pueden descifrar el mensaje que llega desde adentro hacia afuera. Y no hablamos del sistema numérico que puede implementar en el sistema táctico el Chaucha Bianco (4-4-2; 4-3-1-2 o 4-4-1-1), sino de un estilo definido de juego. Hoy Gimnasia y Tiro no lo tiene. No sabe todavía a qué juega o a qué intenta jugar, porque sus versiones van mutando con el correr de los minutos en un partido, al menos eso se observó en los primeros 180 minutos ante Juventud Antoniana y Altos Hornos Zapla.
Y si hacemos memoria y repasamos el clásico ante el santo y los 90 minutos frente al merengue nos vamos a encontrar con muchas similitudes: un buen primer tiempo, con presión, abriendo la cancha y llegando al arco rival; y otra completamente distinta en el complemento: sin variantes, centralizando el juego, falto de ideas y tirando pelotazos sin sentido alguno y equivocando los caminos a la hora de defender, de maniatar al rival.
También se dieron dos situaciones para reflexionar y que deja a las claras la falta de funcionamiento. Ante Juventud jugó con un jugador más e hizo agua, el santo (aunque a mucho no les guste) le dio una lección de cómo se debe defender y aguantar un resultado más allá de los merecimientos; llegar una vez y ser efectivo a la hora de vulnerar el arco. Gimnasia, en esa ocasión, no pudo resolver el jeroglífico que implementó Juan José López y terminó tirando pelotazos. Se quedó sin resto anímicos como para empujar a Juventud a su propia área. Tuvo la pelota, pero no supo qué hacer con ella.
Ante Zapla el que se quedó con un hombre menos fue Gimnasia y Tiro. Y en esta faceta tampoco demostró capacidad para salir de ese trance adverso. Regaló la pelota, se refugió atrás con poco orden y dejó espacios que supo aprovechar el merengue. A esto le agregó el no poder hilvanar una contra precisa para sorprender al rival. Ante Zapla el que se quedó con un hombre menos fue Gimnasia y Tiro. Y en esta faceta tampoco demostró capacidad para salir de ese trance adverso. Regaló la pelota, se refugió atrás con poco orden y dejó espacios que supo aprovechar el merengue. A esto le agregó el no poder hilvanar una contra precisa para sorprender al rival.
Y en este aspecto la mano de Bianco para resolver rápido la expulsión de Saavedra tardó (a criterio de uno que mira el juego desde afuera con tranquilidad) una "eternidad". El DT no lo vio así y apostó seguir con los mismos hombres. Después, cuando llegó el empate, y los jugadores se fueron "cayendo" uno a uno por cansancio, lesiones o calambres "tocó" el equipo, pero ya era tarde. Gimnasia y Tiro tenía el partido en el bolsillo, ese 2 a 0 le daba la tranquilidad para manejar los tiempos a su antojo, pero tampoco supo como resolverlo. Por eso el albo dejó una imagen pálida, de derrota, y llenó de preocupación a sus hinchas y aquellos que comandan el fútbol en la Vicente López. Un punto de seis es poco para un equipo que se formó para otra cosa.
El crédito de Bianco se va consumiendo de apoco, la poca reserva anímica y mental de este plantel ante la adversidad llenan de dudas. Y ante esto uno tiende a pensar que el mensaje que baja desde arriba (hablamos del DT) no le llega a los jugadores o estos no lo saben interpretar. Gimnasia y Tiro en estos 180 minutos de juego demostró estar lejos de "ser un equipo" por ahora se trata de individualidades que intentan resolver sobre la marcha cada situación adversa o a favor. Si uno debería definir este presente en una sola palabra sería: "preocupante".

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