Bienvenidos sean los triunfos cuando sirven para sumar, para descomprimir tensiones, para disfrazar los errores, para recuperar la confianza perdida y para demostrar la potencia de un equipo como conjunto, como unidad colectiva, más allá de las riquezas individuales que nadie desconoce en Gimnasia y Tiro.
El albo no solo dejó atrás un "fantasma" que lo acechaba desde hace dos años en territorio enemigo, tras la victoria en condición de visitante sobre Unión Aconquija en la -hasta el domingo- imbatible Andalgalá. No fue un mero desahogo para las estadísticas, sino que además sirvió para mostrar las aptitudes de un todo integral, de un equipo que se fortaleció ante las adversidades y que venció sus primeras pruebas de carácter en un torneo kilométrico que será muy duro. Más allá de los medios para construir una victoria, sustentada en las capacidades individuales de Leandro Zárate y Hugo Prieto, y de las carencias de un equipo que aún no logra despegarse, construir una identidad ni explotar su potencial real dado el peso específico de sus nombres, el sabor de las dos victorias consecutivas fue el fortalecimiento grupal de una confianza que se hallaba débil y anémica, fundamental en una maratón física y mental en la que el estado anímico es una columna vital.
El albo tendrá su próxima parada el viernes, a las 22, en el Gigante del Norte, ante el irregular Américo Tesorieri de La Rioja, la penúltima parada antes del esperado clásico con el líder e invicto Juventud.

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