El gol, lo más importante del fútbol, eso que sentencia a todos por igual como villanos o héroes, es lo que Argentina no tuvo en los primeros partidos y es lo que le sobró ante los paraguayos. Y un día iba a pasar...
La Selección tuvo y tiene el mejor potencial ofensivo de la Copa, lo cual a nadie debe sorprenderle semejante paliza. Lo que faltaba era contundencia, efectividad y menos resistencia debajo de los tres palos del rival. Porque los arqueros también juegan y habían sido figura, pero el gol argentino siempre estuvo cerca.
Argentina también llega a la final porque hubo más compromiso de marca y despliegue en hombres como Di María o Pastore, como para sufrir menos. Y porque Paraguay no tiene el mismo peso cuando avanza. Pero, en definitiva, deja de ser importante cualquier flojo desempeño defensivo si arriba hay mucha pimienta.
Esta selección, con el mejor jugador del momento en la cancha -Messi- y tantos hambrientos pisando el área de enfrente, no puede pensar en otra cosa que ir a "matar".
Chile es ahora el rival, el último gran desafío para cortar una racha de 22 años sin festejos, pero que también entiende a la perfección cómo jugar en la zona de fuego. Tiene un cuarteto magistral (Vidal, Vargas, Valdivia y Sánchez) que solo puede empañarse con su línea opuesta y eso es lo que habrá que aprovechar, y con la contundencia de anoche. Tiene que volver a pasar.

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