Era cuestión de días. Sabía que, más temprano que tarde, con tantos puntos acumulados, iba a salir una vez más campeón francés con el PSG y que, para llevarse la Champions, necesitaría algo más que superar al Chelsea en octavos. Así que Ezequiel Lavezzi, con 30 jóvenes años sobre el lomo, tomó una decisión de vida. Se salvaría para siempre en el fútbol chino, claro, aun a riesgo de perder vidriera de cara a lo que viene con la Selección. Cuestión de competencia. Pero gustos son gustos.
Así las cosas, este sábado ya salió a la cancha, al Parque de los Príncipes, vestido de civil. Sobretodo, remera, y zapatillas blancas. Faltaban apenas minutos para que su equipo, o ya ex equipo, jugase ante el Reims y Lavezzi quedó en el centro de la escena cuando fue distinguido por la dirigiencia, por los dueños qataríes del club, y por sus propios compañeros, que no dudaron en tirarlo por el aire mientras el público le gritaba 'Gracias Pocho'.
Ezequiel llegó a París en 2012, desde Napoli, a cambio de 31 millones de euros. Con el PSG, ganó tres campeonatos de liga (y será parte del cuarto), dos Copas de la Liga, una Copa de Francia y tres Trofeos de Campeones. Hizo 35 goles en 162 partidos. Sin tantos minutos en cancha con Laurent Blanc, no dudó en aprovechar el oferton del Hebei chino, país donde el ex Rosario Central fuera medalla de oro con la Selección en los Juegos Olímpicos de 2008. Se estima que el delantero, por dos años de contrato, recibirá alrededor de 30 millones de euros. Adieu Pocho.

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