Tratándose de un Mundial y de que se jugaría en nuestro país, es completamente intrigante poder imaginar lo que sucedería de acá a 14 años. Viajar imaginariamente por más de una década se vuelve alucinante.
Por ejemplo, habrá tres mundiales de por medio: Rusia 2018, Qatar 2022 y falta designar el del año 2026. Y si entre mundial y mundial creemos que se nos va una vida, hasta Argentina-Uruguay 2030 ya se nos habría ido por completo.
Lionel Messi no solo habrá pasado a ser, tal vez, el mejor de todos los tiempos, sino que, con un fuerte golpe de carácter, llegue a ser el DT de la Selección. A todo esto Diego Maradona tendrá 70 años. El Barcelona campeón de todo ya habrá caducado para siempre. Habrá otros "Barcelonas". Las barras bravas serían erradicados si algún osado se atreve a cambiar el sistema que los alimenta. Y, ¿cuántas Libertadores o Intercontinentales más habrían sumado River y Boca? Las cargadas igual no desaparecerán jamás.
A esa altura también debería existir una ley que obligue a las provincias a tener por lo menos un equipo en Primera, por si el fútbol salteño sigue consumando fracasos. Central Norte y Juventud Antoniana, ahora sí, ¡por fin!, ya podrían ser locales en sus canchas nuevamente.
Difícilmente los autos vuelen pero de seguro navegaremos con la velocidad de 5G; ver partidos en los celulares serán moneda corriente y quizás no exista el diario de papel para contarlo.
Y la porquería de este mundo seguirá dándole la razón a "Cambalache", ese tango que, como el fútbol, no tiene fecha de vencimiento y se adapta a todos los tiempos.

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