El árbitro Darío Herrera, quien dirigió el Superclásico del jueves último que terminó en bochorno, sostuvo ayer que nadie lo presionó al tiempo que aseguró que se llegó a la suspensión del partido por intermedio del veedor de la Conmebol, el boliviano Roger Bello.
"Se suspendió por medio del veedor de la Conmebol. En ningún momento (el presidente de River, Rodolfo) D'Onofrio me pidió que se termine el partido. No tuve presión de ningún lado", remarcó el árbitro.
De todos modos, Herrera destacó que "si los jugadores de River se recuperaban bien, la idea era continuar el partido".
Por otro lado, y ante la demora para tomar una decisión tras la agresión sufrida por los futbolistas millonarios, Herrera destacó que llegaron bien al vestuario.
"No sé si fue mucho o poco el tiempo de espera, pero lo más importante es que los jugadores llegaron bien al vestuario", subrayó.
En retrospectiva, el árbitro formado en la ciudad bonaerense de Lincoln señaló que al salir a la cancha para reanudar el partido vieron que 'sucedía algo en la manga'.
"Se acercó (el cuarto árbitro, Diego) Ceballos y le dijeron que le habían aplicado un gas a los jugadores", describió y puntualizó que "en todo momento los jugadores de Boca se preocuparon por los de River".
El colegiado de 30 años aceptó que vieron que "era algo serio" y pusieron "predisposición para que se recuperen".
"Vi los ojos irritados de los jugadores de River. Estaban quemados y tenían la camiseta manchada de un polvo naranja", precisó.
Por último, el neuquino se lamentó porque "estas cosas no le hacen bien al fútbol ni a nuestro país. Era un espectáculo hermoso".

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