No están a salvo en ninguna parte del mundo. Los ídolos de la talla de Lionel Messi o de Neymar serán siempre asediados por los fanáticos.
La desesperación por ellos y los pocos segundos que tienen los hinchas que se atreven a burlar la seguridad para acercárseles cara a cara encierran un peligro que se pone de manifiesto a menudo y que atenta contra la integridad física de los propios futbolistas.
Le pasó a Messi el jueves pasado, en Mendoza, cuando Argentina derrotaba a Uruguay por 1 a 0 en una nueva fecha de Eliminatorias. Ayer le sucedió a Neymar, justo a él, su amigo y compinche en el Barcelona, referente, capitán e ídolo en una tierra que respira tanto o más fútbol que en Argentina.
Pero al crack brasileño le fue peor. Unos diez simpatizantes de los 15.000 que estaban siguiendo el entrenamiento de Brasil en Manaos rompieron la barrera de seguridad y corrieron hacia su ídolo. Uno de ellos quiso abrazar a Neymar y terminó por derribarlo ante la llegada de los patovicas. Fue un momento de tensión. Hoy ya es toda una anécdota de un entrenamiento en el que parece denotarse mejor ambiente entre afición brasileña y su selección después del oro olímpico y la resurrección de Neymar. Precisamente desde que el amigo de Messi ganó la presea dorada en Río de Janeiro, el cariño y el fanatismo de su gente se multiplicaron.
Neymar se lo tomó con calma y les pidió a los guardias de seguridad que sacaran a cada invasor suavemente y con cuidado.
Todo sucedió en el marco de la preparación de Brasil para enfrentar el martes a Colombia, un rival que, como si fuera poco, tiene una historia muy particular con el ídolo brasileño, por aquella lesión que le provocó Zúniga y que lo dejó afuera del Mundial que organizó precisamente Brasil en el 2014.

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