Tal vez esta era la forma de hacerse escuchar, recibiendo goles y más goles cada fin de semana. Los chicos de Atlético de Salta están pidiendo ayuda. Si bien el dilema de las inferiores envuelve muchas aristas y su problemática también es un reflejo de una castigada sociedad, la humillación que soportan, cuando deberían divertirse y formarse, tienen un primer responsable: la Liga Salteña de Fútbol. Después las culpas se reparten entre los distintos actores.
Grosero error, y a la vista está, el haber estructurado la temporada cruzando a clubes que no tienen los mismos recursos ni posibilidades que otros. Debió seguir el mismo formato del torneo pasado (inferiores A e inferiores B), en el que las fuerzas estaban medianamente equiparadas y, a partir de ahí, interiorizarse por los clubes que están casi a la deriva, sin cuerpos dirigenciales, sin elementos de trabajo y en los que una o dos personas deben hacerse cargo de cientos de chicos. De onda, de corazón.
La solución tampoco es excluirlos, porque de un modo u otro tanto Atlético Salta como San Francisco (otro de los clubes que sufre la desigualdad constantemente) cumplen el rol de contener a los chicos en los barrios, como alguna vez fue Comercio en Castañares. La Liga no puede volver a atentar contra ello.
Las autoridades de la casa madre del fútbol salteño no deben preocuparse solo por obtener un aval para cuando lo necesiten, ni por entregar ladrillos, hierros y cemento, préstamos o subsidios. Es hora de que, además de funcionar como un ente recaudador, se aboque más a la formación y la competitividad, no solo a construir una cancha. Lo que terminó siendo un gran defecto de Sergio Chibán puede ser una gran virtud de Daniel Cáseres. ¿Si no es ahora, cuándo?
El principal objetivo de las divisiones menores de los clubes es la formación, y la formación incluye la competitividad, la competitividad enseña que con las victorias y derrotas, se aprende. Pero cuándo perdés o ganas por 15 goles o más no sirve de nada.
La formación también significa respeto, disciplina y educación; más la adquisición de los conocimientos básicos del fútbol: técnica y táctica. No todos los clubes tienen gente capacitada.
En este abanico de realidades, otro de los problemas en las inferiores son los entrenadores que emigran de los clubes y se llevan, como si fueran de su patrimonio, los jugadores que se forjaron en tal o cual lugar. Provocan un vaciamiento que también se debería solucionar.


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