Entre padre e hijo se reparten el trabajo en la utilería de Gimnasia y Tiro. Jacobo y Rolando Atilio Cabezas, desde hace más de un cuarto de siglo, comparten la tarea de preparar la indumentaria de su albo querido, que domingo a domingo sale a la cancha para jugar los partidos. Ambos conocieron la gloria cuando Gimnasia y Tiro, en dos oportunidades, llegó a Primera División, pero sufrieron en carne propia el golpe más duro: el descenso al Argentino B.
Jacobo, el de la voz pausada, habló con El Tribuno sobre la gran experiencia que abrazó con el fútbol, específicamente, la de convivir en el día a día con un sinnúmero de jugadores y una cantidad de técnicos que pasaron por la institución millonaria, marcándola en lo bueno y en lo malo.

¿Jacobo, desde qué época estás en Gimnasia y Tiro?
Llegué en el año 1988, pero ingresé a la parte del básquet. Me trajo un señor Moyano, que ya falleció. Justo en ese tiempo estábamos con el básquet de Libertad junto a mi señora. Y Keko (su hijo, Rolando) jugaba al básquet en ese club y nos trajeron acá porque se armó una subcomisión muy fuerte. Después de 6 meses nos habló Juan Carlos Ibire, a quien estoy muy agradecido, y me ofreció que probara una semana. Me dijo que si no me gustaba podíamos buscar otro; fue por una semana y ya estamos desde hace casi 30 años en Gimnasia.

¿Quién estaba como técnico en aquellos tiempos?
Estaba Paco Mosquera. Después llegaron Edgar Fernández y Marcial Acosta. Luego Roldán y así fueron desfilando muchos técnicos en todo ese tiempo.
Fue cuando comienza a gestarse lo que posteriormente fue la coronación del ascenso en el año 1993.
Se armó el plantel para el Torneo del Interior, cuando el equipo llegó a la final con Laferrere y lo perdió. Fue en esa época que ingresé a este club. De ahí me quedé. Tengo que darle las gracias a mi señora, que me apoyó sobre esta decisión, ya que trabajaba en una empresa en esos tiempos y tuve que renunciar, porque aquí me sentía más cómodo.

¿Cómo fue que se dio para que el equipo llegara a conseguir el ascenso a la B Nacional de la mano de Aniceto Roldán?
Sí, se llegó de la mano de Roldán, pero a la base la hizo ese gran técnico que fue Marcial Acosta. La base quedó cuando se hizo cargo Aniceto Roldán, quien tuvo la suerte de contar con muy buenos jugadores de la zona. Después de lograr el ascenso a la B Nacional casi da el salto a Primera División. No sé si te acordás que perdió la semifinal con Almirante Brown. Allí empezó todo lo lindo para Gimnasia y Tiro. Llegamos a Primera con Ricardo Rezza y vinieron un montón de técnicos de nombre y todos muy buenas personas, a quienes siempre estamos recordando en el vestuario.

¿Desde el '93 hasta el '98 fue lo mejor que vivió el club en el plano futbolístico?
De lo mejor de Gimnasia. Fueron años maravillosos. Digamos, de vaca gordas. Excelentes recaudaciones, jugar con la cancha llena de gente y los triunfos que venían llegando no dejaban de parar. No nos tenemos que olvidar que en el '96 llegó Salvador Ragusa, que armó el equipo que ascendió por segunda vez a Primera, pero para llegar a Primera lo condujo Ricardo Rezza.

Los jugadores de la zona tuvieron que adaptarse al trato con aquellos que jugaron en grandes equipos, como el caso del Loco Enrique, por citar. ¿Cómo fue el trato?
Con todos muy bien. No tuvimos problemas con ninguno. Los jugadores de la zona, es decir, contabilizando la misma base que pasó en el '97, fueron jugadores de jerarquía. Hay que tener en cuenta que hasta el '97 estuvieron Iturrieta (Isidro, Pedro (Guiberguis), el Tanque (González). Lógicamente, donde hay 30 jugadores no puede haber de algún modo una amistad entre todos. Se forma un grupo por aquí y otro por allá. Eso del plantel completo, todos unidos, es mentira. En el plantel no todos son compañeros, como se dice, son compañeros de trabajo; amigos son los distinto grupos.

¿Que pasó desde 1997 al 2105?
Desde el descenso de Primera División en el '98 comenzó una debacle muy pronunciada. Fue muy duro para uno, que estuvo en lo mejor.

¿Por qué no volvieron a aparecer los Iturrieta, los Guiberguis, entre tantos otros?
Son otras épocas. Antes el chico, el juvenil, era más humilde, más apegado al trabajo. El que quería llegar era el primero en estar en los entrenamientos, en cambiarse. Mirarse en el jugador grande era ver cómo eran ellos para poder llegar. Hubo una camada de valores que lo aprovecharon, como Carlitos Castilla, Esteban Gil, el Polo Quinteros, el Tanito Riggio y hasta el mismo Sergio Plaza; después, Cuadrado (Adrián), cuando vino al club, hizo lo mismo. Se sentían protegidos. Ahora viene un chico de las inferiores, está un mes y ya cree que ganó todo. Cuando le reclaman algo te contesta. Como si supiera todo, y no es así.

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